Embarazo con hematoma II

Al abrir este blog hace casi 4 años no esperaba ni mucho menos compartir este tipo de temas… Tampoco es de mi agrado y desearía no hacerlo, pero creo que mi experiencia puede ayudar a futuras mamis.

Como ya os explicaba en mi anterior entrada… ¡Por fin estoy embarazada! Pero la sorpresa vino cuando en la primera ecografía me encontraron un hematoma de 13x6mm.

Reposo prácticamente absoluto y vida relajada. Mi marido ha tenido que asumir al 100% los cuidados de nuestro hijo de casi 3 años y hemos contratado una chica para que nos ayude unas horas a mantener la casa. Yo no puedo hacer NADA, me siento súper impotente y después de una semana ya tengo dolores de espalda.

Como no podía aguantar tanta incertidumbre, decidimos hacernos otra ecografía a la semana. Necesitaba saber que el hematoma se estaba absorbiendo y mi pequeño embrión seguía latiendo.

Nada más visualizar la imagen del ecógrafo, me quedo en shock.

El hematoma había crecido y rodeaba todo el saco. Me entraron ganas de llorar, de gritar y de suplicar que esto fuera sólo una pesadilla. ¿¿Cómo podía ser??
Antes llevaba una vida muy muy ajetreada, no paraba y lo había dejado todo para dar una oportunidad a nuestro bichito.

Como comentaba, el hematoma había casi triplicado su tamaño, en la imagen parecía que estuviera el saco flotando en la mancha negra, sin embargo mi bichito había seguido creciendo y su corazón latía.

La explicación se ve mejor en esta última ecografía desde otro ángulo. Hay una parte “enganchada” que es lo que se convertirá en placenta y se veía que lo estaba nutriendo.

Después de estas imágenes nuestros porcentajes de éxito se han reducido al 50%. Reposo, sigo con la progesterona y me han retirado adiro hasta la próxima ecografía dentro de 10 días para ver si así remite el hematoma.

He buscado mucho por internet y no he encontrado ecografías tan evidentes como la mía, ya me comentó el ginecólogo que era un caso que se veía muy poco. Estoy cansada de entrar en las estadísticas “raras”. Cada vez que voy al baño examino con detenimiento el papel por si hay sangre, pero por lo pronto no he sangrado nada (me dijeron que sería normal). Mi ánimo va a días, aunque aún me aferro a las posibilidades de éxito. El estar prácticamente encerrada en casa en pleno verano, quedarnos otro año más sin vacaciones motiva poco.

Sólo espero que merezca la pena, todo el mundo sabe que estoy embarazada, pero nadie nombra mi bebé por si el final no es el esperado… Incluida mi pareja.

Necesito casos parecidos. ¿Tenéis alguna referencia?

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Ecografía 12 semanas en embarazo gemelar.

Se puede decir que hemos superado la etapa con más riesgo de aborto. Mis mellizos se han agarrado fuerte y están creciendo a la par, lo cual es muy buena señal porque sólo hay un 1mm de diferencia entre ellos. 

Sin embargo… Todavía me cuesta creer que tengo dos vidas dentro de mi! Además no estoy prestando casi atención al embarazo porque ando detrás de un preadolescente de casi 2 años.  

La ecografía de las 12 semanas fué igual que lo que escribí en mi anterior embarazo. Con la diferencia de que había dos estudiantes y aprovecharon a dar clase intensiva (Y yo encantada). Mis mellizos están genial.  Al final de la visita me derivaron a embarazo de riesgo, simplemente porque es gemelar. Ahora me visitará el ginecólogo y me harán ecografías cada mes, en lugar de sólo las tres que hacen por el embarazo normal. 

Además esta vez tengo mutua, así que me están mirando por ambos sitios a la vez. Pero en la mutua sólo me repetiré las ecografías principales, si no me parecen demasiadas ecografías. 

Lo que más estoy escuchando en las revisiones es “Embarazo bicorial biamniótico”. Es decir, dos placentas y dos sacos amnióticos. Entre los embarazos gemelares son los de menos riesgo.

Y aquí os dejo una foto de mis mellizos en ecografía 2d. Las ecografías normales no hay manera de distinguir nada! 

Ya se que me direis… Ese es un chico!!! Pero lo que se ve entre las piernas de uno es el “tubérculo genital”. Todavía no está definido y “eso” puede convertirse en un clítoris o un pene. En mi caso ningún ginecólogo ha querido mojarse todavía con el sexo… Aunque tenemos convencida a la mitad de la gente de que tras ver la foto aseguran que es un niño.
¿A alguien le han predecido el sexo con estas semanas? 

Mi primer susto (y espero que el último)

Hacía tiempo que quería escribir sobre este tema,  pero entre el trabajo, cansancio y el calor no encontraba momento para meterme por aquí. 

Ocurrió en la semana 26. Justo ese mismo día había ido a la revisión del ginecólogo de la Seguridad Social, lo mismo que hace la matrona, pero ese día tocaba en el hospital para decirme de paso los resultados de la curva del azúcar (que salieron perfectos) ,  llevé como siempre mi tubito de orina y con una tira reactiva me dijeron que todo estaba bien.  Me pesaron, tomaron la tensión y me hicieron una ecografía aunque no tocaba, pero por suerte ese día la ginecóloga le apeteció hacérmela… ¡Yo encantada porsupuesto!  Miró a grandes rasgos y se centró un poco más en su corazón y en el cordón umbilical,  después intentó buscar su perfil, pero a mi niño no le gustan las cámaras y fue imposible. 

Me dijeron que todo estaba perfecto y que siguiera así. 

Pero al poco de salir me empezó a doler el costado derecho,  al principio parecía más bien como si fueran gases.  Estaba en el trabajo y me costaba centrarme en mi faena porque el dolor iba a más. 

Casualidades de la vida esa misma tarde tenía clase de educación maternal ya que mi matrona se iba de vacaciones en julio y me adelantó un par de clases antes de irse.  Así que fui tranquila porque podría preguntarle,  además estaba convencida de que eran gases porque esa misma mañana me habían mirado.

Al  terminar la clase se lo comenté y me miró preocupada.  Tuvo poco tacto la verdad y me dijo que ahí estaba el apéndice. Me preguntó si tenía algún síntoma más.  Decidió hacerme una petición para un análisis de orina porque era lo único que podía hacer por su parte.  Me dijo que si al día siguiente seguía con el dolor fuera a urgencias.

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El dolor según acababa el día fue a más y a más… Andaba doblada. Me empezó a entrar la paranoia de que podía ser apendicitis,  como no podía dormir busqué por ínternet (¡¡ERROR!!) y todavía me ponía más nerviosa.  Me puse a llorar pensando que le pudiera pasar algo a mi pequeño y mi marido (un santo) no sabía que hacer ya conmigo. Me quería llevar a urgencias pero de repente me vestía para ir y a los cinco minutos decidía que mejor esperar a la mañana.  ¡¡Estaba bipolar perdida!!

A primera hora de la mañana directa a urgencias, no podía andar derecha y me dolía un montón el costado derecho. Al minuto de llegar ya me pasaron a monitores. El personal de allí era puro encanto. Estoy muy agradecida, llegué muy nerviosa y enseguida me relajaron. Aunque no es precisamente la mejor manera de conocer el sitio donde daré a luz, me he quedado muy tranquila conociendo ya el lugar y al personal.

Me prepararon para monitores… Había oído muchas veces hablar de ellos, pero no sabía exactamente en qué consistía.  Me dijeron que lo primero que querían comprobar era el bienestar fetal y si tenía contracciones,  ya que los dolores podían desencadenarlas y tener un parto prematuro.

Estuve unos 30 minutos que se me pasaron relativamente rápido por mi pequeño.  No paraba de moverse y justo golpeaba donde estaban los dos sensores ¡Parecía que estaba tocando la batería! Las matronas en broma me comentsban que dijera a mi niño que se parara que así no podían tomar bien el registro.

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Al terminar me dijeron que no tenía ninguna contracción y el bebé estaba perfecto.  Ahora tocaba esperar los resultados de los análisis,  hasta que no los tuvieran el ginecólogo no me iba a mirar.  Como trabajo en el mismo edificio decidí volver a mi puesto para hacer lo que pudiera sentada y así estaría distraída.  La ginecóloga me llamaría por teléfono cuando tuvieran todos los resultados.  Y así pasaron 4 interminables horas…

El resultado… INFECCIÓN DE ORINA. No acaba de estar muy convencida, justo el día anterior con las tiras me la habían mirado y no tenía ningún síntoma más…  ¿Y por qué me dolía el costado derecho?

Me pasaron a la camilla y me miraron todo,  cuello de útero,  ecografía vaginal/abdominal y por último me palparon.  Con la palpación veía las estrellas según me apretaba. 

La ginecóloga me explicó que estaba todo bien.  Que según se ve tenía una infección de orina y sólo les preocupaba que el dolor me provocará contracciones,  pero no era el caso. Me recetó antibiótico pero que estuviera pendiente del cultivo de orina por si no era el adecuado ya que el antibiograma tarda unos días más en salir, pero no hizo falta. Si seguía con dolores al cabo de dos días que volviera.

En cuanto a mis dudas me dijo que a veces las tiras reactivas fallan y que el cuerpo de una embarazada es muy caprichoso, como todo cambia de sitio seguramente el dolor se me irradiaba a esa zona,  que a veces no hay sintomatologia de infección hasta que ya es dolor agudo.

Al día siguiente aún me dolía bastante pero iba a menos y dos después me encontraba perfectamente.

A día de hoy ya estoy de casi 32, todo ha ido perfectamente y crucemos los dedos para que siga así.  Se quedará como una anécdota más. 😉

Ecografía de las 20 semanas

La ecografía morfológica,  se realiza en el segundotrimestre del embarazo, a las 20 semanas de gestación, sirve para valorar la estructura del feto y su biometría (su forma y sus proporciones), para conocer si el bebé se está desarrollando con normalidad, así como para excluir malformaciones.

Justamente ese día cumplía las 20 semanas, el ecuador del embarazo. Me desperté nerviosa, tenía cita a las 10:30 y me fui a trabajar. Como me realizaban la prueba en el mismo centro hospitalario donde trabajo esas dos horas y media se me hicieron eternas, no paraba de mirar el reloj… Mientras notaba como mi pequeñín se estaba montando una fiesta dentro de mi. Me tocaba la tripa y le decía “¡¡¡Shhhh a dormir!!!”. Pero… por lo pronto no me ha salido muy obediente. Llegó la hora de la ecografía y mis sospechas se cumplieron… ¡Era la hora de la siesta, no se iba a mover ni a golpes!

Venía con todo estudiado, 24 horas sin echarme ningún tipo de crema y media hora antes de la ecografía me había tomado un zumo y un dulce. Además Papá Laurel se conocía esta historia y no paraba de recordarlo para evitar que nos pasara lo mismo que en la última ecografía.

Me atendieron rápido. Esta vez un ginecólogo bastante joven y serio. Esperaba que me pesaran y me tomaran la tensión pero no lo hicieron, directamente me dieron un formulario de consentimiento informado para firmarlo en el cual se explicaba que no se hacían responsables si más adelante se encontraban otras anomalías. Después de firmar, inmediatamente a la camilla. El ginecólogo no quería perder tiempo, pero no él no sabía que a mi pequeño le gusta ponerlo difícil como ya hizo en la ecografía de las 12 semanas. 

La primera imagen fue esta:

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¿Qué soy?

Y lo primero que dijo el ginecólogo “Es un niño”. Menos mal que no soy de las que quiero saber el sexo por sorpresa, porque con mi bebé por muy poco que entiendas de ecografías no deja lugar a dudas… A día de hoy tengo más fotos de sus partes bajas que de su cara.

Después continuó tomando medidas, buscando sus órganos y describiendo en voz alta a toda velocidad para que registrara la información la enfermera. No paraba de decirme que me relajara, que estaba tensa y no se podía ver bien. A los 10 minutos llegó la hora de comprobar la cabeza/cara y… estaba de tal manera que era imposible de mirar. Después de un minuto de golpes e intentos nos dice: “Volver la semana que viene”. Mi marido y yo nos miramos con cara de susto y le digo que la semana que viene íbamos a estar de viaje, que nos era imposible, a lo que él contesta que dos semanas sería muy tarde para la valoración. Me indigno mucho y le digo que insista o que vuelvo en otro momento u otro día de la semana, que además trabajo en el mismo centro.

Me hace caso y por obra de magia mi pequeño se gira. ¡Igual fuero los nervios que le hicieron sentir incómodo!. Por fin vemos su perfil (borroso), toma las medidas y nos dice que todo parece estar correcto. De todas formas, en el informe destaca un punto: “Limitada exploración ultrasónica por mala transmisión materna”. Os parecerá una tontería pero este apunte me hace sentir culpable, como si por mi culpa no le pudieran revisar bien. No me explicó el motivo, yo deduzco que igual es porque estaba tensa…

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Ecografía de su perfil no muy nítida.

Me incorporé y la enfermera me dio junto con el informe un consentimiento informado de donación de sangre de cordón umbilical. Me dijo que me lo leyera detenidamente y si estaba de acuerdo lo llevara conmigo el día del parto. Le pregunté si necesitaba algún certificado médico si quería viajar, a lo que me contestó que no hacía falta si estaba de menos de 28 semanas. ¡Y así fue! Cinco días después nos fuimos de Viaje a Turquía muy tranquilos porque nos habían dicho que todo transcurría correctamente.

Al llegar a casa por la tarde no pude evitar sacar mi vena friki y pintarme con ayuda de mi hermana un “Loading 50%” en la tripa. Había visto esta imagen miles de veces y tenía unas ganas increíbles de hacerme una del estilo.

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Mi pequeño es un poco escapista

Soy una impaciente declarada. El hecho de tener que esperar 57 días desde la primera ecografía del triple screening hasta la ecografía morfológica me resultaba imposible. Así que justo en medio me programé una visita a un ginecólogo privado, el mismo que nos hizo la ecografía anterior a la de las 12 semanas. Como no tengo seguro lo que hago es pagar por cada consulta a la que voy.

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Justo ese mismo día tenía la segunda visita con la matrona. Me encanta la persona que me lleva, es súper dulce y siempre me tranquiliza con todas sus explicaciones. Le llevé mi muestra de orina, la cual me explicó que tengo que llevar en cada visita suya, me pesó, me tomó la tensión y me preguntó sobre mis inquietudes. 

En ese momento mi mayor preocupación es que le había dejado de sentir. Desde hacía una semana notaba como “unas mariposas en mi estómago” en las comidas, pero dese hacía un par de días ya no notaba nada y me preocupaba. Me dijo que era absolutamente normal, estaba en mi semana 17, y el feto aun es débil para sentirlo a menudo y que me considerara afortunada por haberlo empezado a sentir.

Después me tumbé sobre la camilla, me tomó la medida de la alzada de mi útero, y me echó gel. Al momento me puso el doppler para escuchar los latidos del corazón de mi pequeño y empezó a rebuscar. ¡¡¡HGHGJHGFGGGFGGGG!!! Todo tipo de sonidos extraños, pero ninguno que pareciera su corazón. Papá Laurel se empezó a impacientar y me apretó la mano fuerte, tengo la suerte de que me ha podido acompañar a todas mis visitas, pero se pone incluso más nervioso que yo, ¡y eso que dejo un nivel muy alto! A mi se me pasaban ya todo tipo de historias por la cabeza, y la matrona al ver que nos impacientábamos nos dijo, tranquilos, que le estoy escuchando moverse, el problema es ese, que no para quieto. Y por fin, después de 10 minutos de reloj ahí estaba, ¡El sonido más bonito que existe ahora mismo para mi, el latido de su corazón!

Apuntó todos los datos recogidos de la visita en mi cuaderno de embarazada y me dijo que siguiera así, que todo iba muy bien. 

Por la tarde tenía la visita con el ginecólogo. Nos había prometido una ecografía 3D en esta visita y estábamos emocionadísimos por poder ver de nuevo ese perfil tan bonito que vimos en la última. Allí me pesaron, me tomaron la tensión, comentamos los resultados del Harmony test y me llevaron a la camilla. Me recordó si me había echado alguna crema el día anterior, ya que si lo haces la ecografías no salen nítidas. En mi caso recordaba perfectamente esta recomendación y además me había tomado un buen zumo de naranja para tenerlo bien espabilado.

Fue poner el ecógrafo en mi vientre y ya se le veía. Pero… había una sombra rara junto a él. Me explicó que eso era la placenta, estaba pegado a ella y por eso se le veía mal. Además estaba en una mala posición, sólo conseguía “cortarlo a rodajas”, ningún perfil, ni ninguna imagen entera.  El ginecólogo nos dijo varias veces lo bien que se veía que era un niño, a mi esto en concreto me daba igual porque ya lo sabía. Pero él sin embargo no paraba de señalarnos con una flecha “su varonidad”, ¡Que si me llegan a decir que es otra cosa también me lo creó! Aprovechó a mirar todo lo que pudo sobre sus órganos y tomar unas mediciones, vimos su corazoncito que ya medía un centímetro y medio latiendo con sus cuatro cámaras, la sombra que correspondía al estómago lleno y otra sombra que correspondía a la vejiga llena. También comprobó con otra imagen que la circulación sanguínea del cordón umbilical estaba bien. Poco más nos pudo enseñar porque aún era muy pequeño, medía unos 14 centímetros. Su cara fue imposible de ver, por lo que nos quedamos sin foto de perfil, ni ecografía 3D. Me quedé con la sensación de que igual si se hubiera esforzado un poco más hubiera podido sacar una mejor imagen, aunque fuera haciéndome volver más tarde, pero igualmente salí contenta porque todo estaba correcto, las mediciones eran las adecuadas según su edad, sólo estaba por encima de lo normal el largo de su fémur, pero que igualmente no sería de extrañar porque ambos somos altos.

Y para finalizar, os dejo las dos mejores fotos de esta sesión… Ahora podréis entender “mi decepción” :

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Brazo y… ¿Cabeza desde arriba?

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Las vergüenzas de mi pequeño

Como se puede ver en las imágenes… ¡No son precisamente de libro! Al salir de la consulta vimos que ya teníamos un montón de mensajes preguntando por la visita y pidiendo las fotografías (habíamos proclamado a los cuatro vientos que haríamos una 3D), les dijimos que no teníamos porque sería todavía mayor la faena de explicarles a nuestros padres que era lo que se veía, cuando en las imágenes “buenas” ya les costaba diferenciarlo.

Y eso es todo, lo importante es que todo va bien. La próxima cita importante el 27 de abril para la ecografía morfológica de las 20 semanas… ¡El ecuador del embarazo!

La ecografía de las 12 semanas

El screening prenatal es una prueba que se realiza entre la semana 11 y 13 de embarazo, al comienzo del 2º trimestre.  Junto con el pliegue nucal, edad madre y el análisis de sangre sacan una probabilidad estadística de que el feto se vea afectado por una de las tres trisomías más comunes (T18/13 y la famosa T21, el síndrome de Down).  Es una prueba no invasiva. Es decir, no requiere extraer muestras del útero y, por tanto, es inofensiva. El feto no corre ningún tipo de riesgo.

En mi caso me encontraba bastante tranquila, sabía que mi pequeño seguía allí aunque no tuviera síntomas y estaba deseando la llegada de este momento porque si todo iba bien, haríamos oficial mi estado. En cambio… ¡Ese día me desperté hecha un flan! La mezcla de nervios e ilusión podían conmigo y no era capaz de desayunar como debía. Finalmente pude comer apenas dos tortitas de arroz con chocolate y un vaso de leche.

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Sin tripa aparente. 12 semanas.

Ya disponía los resultados de los análisis de sangre que me había hecho hace 10 días. Normalmente te los dan el mismo día de la prueba, pero como trabajo en el área de la sanidad pude consultar mis resultados en cuanto estuvieron colgados. Era todo correcto, eso sí… Toxoplasma negativo. Debo seguir con las precauciones para evitar ponerme en contacto con el parásito.

Pero había dos datos hormonales que no conseguía entender y me empeñé en buscarles un significado. Cosa que  fue imposible, ya que por sí solos carecen de valor para interpretar la normalidad de la prueba. Se trataban de: PAPP-A (proteína producida por el feto) y beta-HCG libre (gonadotropina coriónica humana, producida por la placenta).

Me encontraba de 12 semanas justas y nada más llegar a la sala de espera me hicieron firmar un consentimiento informado en el que se explicaba la prueba que me iban a realizar y recordando que era una prueba no diagnóstica. Si más adelante aparecía un problema que no habían detectado o al revés no se hacían responsables.

Me pesaron, tomaron la tensión y me prepararon para la ecografía. Me echaron por primera vez el famoso gel y me hizo una ilusión tremenda. ¡Por primera vez abdominal! Pero mi gozo en un pozo porque acabó siendo vaginal… La pantalla no la podía ver, así que me centré en la cara de mi marido que comenzó siendo de felicidad total y se fue transformando en preocupación… La ginecóloga estuvo 20 minutos apretándome la tripa (y después la vagina) con cara súper seria. Al final muy frustrada me dijo que me vistiera y me fuera a la cafetería a tomarme un zumo.

Para medir el pliegue nucal, el feto debe estar en una posición muy concreta. Y mi renacuajo estaba tan profundamente dormido que a pesar de todos los meneos que le pegó no hubo forma de moverlo. Al final me tomé un zumo y una palmera de chocolate (este extra por si acaso) y volvimos a la media hora. Mi marido estaba súper preocupado y yo… en todo este rato ni lo había podido ver.

Al volver, repetimos operación y… ¡¡Mi pequeño estaba de fiesta!! No paraba de moverse y enseguida pudo tomar la medida. Por fin giró la pantalla y lo pude ver. Estaba muy cambiado, me costaba creer que de verdad estuviera dentro de mi. Además se estaba tocando la carita con una mano y pudimos contar cinco deditos, después se giró y nos dio la espalda. Y la ginecóloga… apagó la pantalla y me imprimió una foto. No fueron ni 30 segundos pero tengo la imagen guardada en la cabeza.

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Mi pequeño.

La ginecóloga se metió en el ordenador, empezó a introducir datos y al poco imprimió una hoja con los resultados. Nos dijo que estaba todo perfecto y que en principio no había ningún riesgo.

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Trisomia T18/13 <1/100000

Respecto al sexo no se quiso mojar, pero nos dio igual salimos montados en una nube. Sin embargo a la semana supimos el sexo, más adelante contaré cómo fue.

¿Qué son la náuseas en el embarazo?

¡¡Decírmelo porque yo no lo sé!! Es un síntoma que todo el mundo conoce, siempre hemos visto la típica imagen en las películas de la pobre mujer agachada en la taza del váter o hemos escuchado o leído lo mal que lo han pasado muchas embarazadas con este síntoma.

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No he vomitado en este tiempo, ni he tenido náuseas, ni mareos ni nada de nada. Veía que casi todas las embarazadas tenían uno de estos síntomas y cuando buscaba información leía historias terribles de que era señal de que no iba bien el embarazo con explicaciones que me parecían “lógicas”:

Teóricamente un embarazo con problemas no produciría los niveles adecuados de hormonas y los síntomas de náuseas y vómitos serían menos intensos.

Además la gente se extrañaba cuando les decías que te encontrabas perfectamente y me decían “ya vendrán” pero… No veían.  Lo que en un principio era una noticia estupenda empezó a obsesionarme, gasté los tests de embarazo que tenía de sobras para comprobar que seguían dando positivo y analizaba minuciosamente el papel cada vez que salía del baño. Mi mente no podía entender que me sintiera exactamente igual que antes de estar embarazada. Tampoco me sentía más cansada.

La verdad es que lo único que me hizo olvidarme de esta idea (a pesar de que profesionales como la matrona y el ginecólogo me aseguraron que no pasaba nada), fueron las ecografías. La primera la tuve a las 7 semanas y se veía un puntito, me quedé tranquila pero seguía muy insegura.  La segunda a las 10 semanas y…  acudí muy asustada, estaba convecida de que algo iba mal, pero la ilusión fue máxima cuando vimos que ya tenía forma, y que incluso nos saludaba moviendo sus muñoncitos.

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Desde ese momento me olvidé por fin de mis “No síntomas” y empecé a disfrutar de verdad de mi embarazo. Más tarde, cuando dimos la noticia públicamente a mi familia, mi madre me dijo que ella nunca tuvo síntomas… ¡ni ella, ni mis tías ni mi abuela! Se ve que algo de factor genético tiene, me sentí culpable por haberme rayado tanto por una tontería, y no haber disfrutado de la oportunidad que me ofreció mi cuerpo.

Así que si perteneces a este afortunado grupo de embarazadas que tienen la oportunidad de sentirse pletóricas desde el primer trimestre… Enhorabuena y a DISFRUTARLO 

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