Mi positivo

Me había hecho a la idea de que el camino podía ser muy largo, y tenía presente que mi madre había tenido problemas de fertilidad. Meses antes teniendo en cuenta mi intención futura me hice una revisión ginecológica completa para saber que en un principio todo estaba correcto.

Sin embargo no pude evitar llevarme una gran decepción en nuestro primer mes de búsqueda. Era el pistoletazo de salida, las ansias podían con todo y llegaron los famosos psicosíntomas. Tuvimos nuestro segundo, tercero y cuarto intento sin más presiones planeando escapadas y eventos futuros para mantenerme distraída y no obsesionarme con el tema. Y llegaron las navidades…

Se puede decir que acabamos y empezamos el año por todo lo alto… Del 26 al 29 de diciembre estuvimos en Bruselas, Brujas y Gante de escapada y no sospechamos que nos habíamos llevado un diminuto polizón.

El 31 de diciembre teníamos fiesta de noche vieja en la casa de unos amigos y nos quedábamos a dormir allí. Algo me decía que estaba pasando algo diferente y empecé a notar unos pinchazos. No disfruté de la fiesta, me retiré pronto a dormir. Me sentí culpable por empezar a darle otra vez tantas vueltas al tema y no haber disfrutado de la noche.

El día 1 estaba toda obsesionada y cuando llegamos a casa (veníamos de otra ciudad) me hice un test aún sabiendo que sería negativo porque faltaban cuatro días para mi regla. Me lo hice, me duché y al salir…

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¡Veía una sombra! ¿O era la famosa línea de evaporación? Subidón, dudas, búsquedas por internet de todas las posibles interpretaciones… Hasta que decidí enseñárselo a mi marido:

Eso es un negativo seguro, yo no veo nada.

La verdad es que gracias a sus palabras conseguí dormir esa noche más tranquila, pero al verme tan inquieta decidimos que esperaríamos un día y me haría el famoso Clearblue. Me autoconvencí de no mirar más información y pasado el tiempo previsto mi marido y yo hicimos juntos el test. Se hizo eterna la espera hasta que salió el resultado final…

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¿Mi reacción? ¡Empezar a reir! ¿La de mi marido? ¡Empezar a llorar! No es lo que parece, por mi parte fue una risa nerviosa, incrédula. No me podía creer lo que estaba viviendo, me sentía feliz pero me parecía peliculero total, fuera de la realidad. Por parte de mi marido fueron lágrimas de emoción, de alegría. Y me dedicó las palabras más bonitas que se podrían haber dicho en ese momento. Él era el que estaba retrasando la paternidad, no se sentía seguro, pero desde el momento en que vio el resultado del test me dijo que nunca antes había tenido tan presentes sus ganas de ser papá y me prometió que sería el mejor padre para nuestro hijo, que no tuviera ningún miedo.

Y desde ese instante me convertí en la futura mamá más mimada.

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