La espera que desespera.

Ya he visto 6 negativos y a cada uno me cuesta más levantarme. Tenía miedo de las complicaciones de mi aborto y legrados pudieran impedir nuevos embarazos. Tenía miedo de repetir la historia de infertilidad de mi madre… Y ahora tengo todas las sombras sobre mi. Probablemente sea yo misma la que está volviendo mi cuerpo contra mi, pero no lo puedo controlar.

Todo el mundo sabe que no paso por mi mejor momento, desde el 25 de agosto del 2017 tengo el alma rota y no consigo rehacerla. Casualidades de la vida espero una nueva sobrina para el 25 de agosto, noticia que me hizo sentir la peor tía del mundo. No me alegro del embarazo y me cuesta mantenerme entera delante de mi cuñada, aunque se que en un futuro querré a esa niña tanto como a mi actual sobrina. Es un sentimiento general, no personal. Tengo “embarazofobia” huyo en cuanto las veo.

Hasta mayo no tendré otra revisión en ginecólogo pero espero pedir para entonces todas las pruebas necesarias.

Sé que necesito ayuda también en el tema personal y la he buscado. Aún necesito tiempo para elaborar mi duelo… Siempre van a estar en mis sentimientos.

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Nuevo año, nueva búsqueda.

Estoy deseando que acabe el 2017, como si tuviera la sensación de que el 2018 nos va a traer buenas experiencias. 

Mi aborto me ha marcado de por vida. Recuerdo la experiencia como si fuera una pesadilla y la viviera en tercera persona. Supongo que es una especie de “escudo” de la mente para soportar todo el dolor físico y sobretodo emocional que he vivido. 

Y en estas fechas no paro de pensar cómo hubiera sido todo… Estaría a un mes de conocer a mis niñas o quizás bastante antes por ser gemelar.  Las echo de menos, las recordaré toda mi vida, aunque se que cada vez será con menos dolor. 

Psicologicamente vivo en una montaña rusa, aunque cada vez con menos intensidad. Creo que estoy llevando bien mi duelo. Hablo y lloro cuando necesito… sin cortarme.

 Respecto al tema médico parece que todo ha vuelto a su sitio y nos han dado el visto bueno para volver a intentarlo. Me han avisado de que un nuevo embarazo lo viviré con mucho miedo. He perdido toda la inocencia. 

Sin embargo tenemos claro que queremos volver a intentarlo. De hecho ya he tenido una oportunidad y mi decepción al ver el negativo fue mucho mayor de lo que esperaba, por eso mismo temo que se alargue la búsqueda, ya que me queda la incertidumbre de si se quedó todo bien dentro después de la infección y los dos legrados. En mis anteriores embarazos fuimos demasiado afortunados y teníamos el positivo en el primer intento aunque se que eso no es lo normal. 

Mi Lucero sé que será un hermano mayor excepcional. Él es muy “brutote” pero es responsable y con los bebés se le despierta una ternura indescriptible. Cuando lo veo me derrito de amor y pienso en lo bien que hubiera cuidado de sus hermanas. 

Mi positivo

Me había hecho a la idea de que el camino podía ser muy largo, y tenía presente que mi madre había tenido problemas de fertilidad. Meses antes teniendo en cuenta mi intención futura me hice una revisión ginecológica completa para saber que en un principio todo estaba correcto.

Sin embargo no pude evitar llevarme una gran decepción en nuestro primer mes de búsqueda. Era el pistoletazo de salida, las ansias podían con todo y llegaron los famosos psicosíntomas. Tuvimos nuestro segundo, tercero y cuarto intento sin más presiones planeando escapadas y eventos futuros para mantenerme distraída y no obsesionarme con el tema. Y llegaron las navidades…

Se puede decir que acabamos y empezamos el año por todo lo alto… Del 26 al 29 de diciembre estuvimos en Bruselas, Brujas y Gante de escapada y no sospechamos que nos habíamos llevado un diminuto polizón.

El 31 de diciembre teníamos fiesta de noche vieja en la casa de unos amigos y nos quedábamos a dormir allí. Algo me decía que estaba pasando algo diferente y empecé a notar unos pinchazos. No disfruté de la fiesta, me retiré pronto a dormir. Me sentí culpable por empezar a darle otra vez tantas vueltas al tema y no haber disfrutado de la noche.

El día 1 estaba toda obsesionada y cuando llegamos a casa (veníamos de otra ciudad) me hice un test aún sabiendo que sería negativo porque faltaban cuatro días para mi regla. Me lo hice, me duché y al salir…

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¡Veía una sombra! ¿O era la famosa línea de evaporación? Subidón, dudas, búsquedas por internet de todas las posibles interpretaciones… Hasta que decidí enseñárselo a mi marido:

Eso es un negativo seguro, yo no veo nada.

La verdad es que gracias a sus palabras conseguí dormir esa noche más tranquila, pero al verme tan inquieta decidimos que esperaríamos un día y me haría el famoso Clearblue. Me autoconvencí de no mirar más información y pasado el tiempo previsto mi marido y yo hicimos juntos el test. Se hizo eterna la espera hasta que salió el resultado final…

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¿Mi reacción? ¡Empezar a reir! ¿La de mi marido? ¡Empezar a llorar! No es lo que parece, por mi parte fue una risa nerviosa, incrédula. No me podía creer lo que estaba viviendo, me sentía feliz pero me parecía peliculero total, fuera de la realidad. Por parte de mi marido fueron lágrimas de emoción, de alegría. Y me dedicó las palabras más bonitas que se podrían haber dicho en ese momento. Él era el que estaba retrasando la paternidad, no se sentía seguro, pero desde el momento en que vio el resultado del test me dijo que nunca antes había tenido tan presentes sus ganas de ser papá y me prometió que sería el mejor padre para nuestro hijo, que no tuviera ningún miedo.

Y desde ese instante me convertí en la futura mamá más mimada.