El fin de nuestra lactancia

La OMS recomienda 6 meses de lactancia materna exclusiva y al menos hasta los dos años completamentada con otros alimentos. Yo me he quedado en las puertas porque nuestro caso ha sido de 23 meses.

Como ya conté hace tiempo, fue muy difícil instaurar la lactancia materna exclusiva con Lucero. Después apareció la intolerancia a la proteína de leche de vaca y también tuve que hacer dieta libre de lácteos hasta el día que finalizó nuestra lactancia.

No me hubiera imaginado llegar tan lejos y tampoco me imaginaba que sería tan fácil el destete.

En ese momento estaba embarazada. Había leído mucho sobre la compatibilidad de embarazo y lactancia, estaba decidida a hacerlo pero… Cuando nos dijeron que venían mellizos empecé a dudar. Me molestaban los pechos, estaban más sensibles, sufrí algunas noches la famosa “Agitación por amamantamiento”, sin embargo, para mi seguían sumando más los beneficios. Lucero es un niño muy independiente y además… No sabe estar relajado. La teta era milagrosa, era nuestro momento, me abrazaba mientras mamaba y si era hora de dormir quedaba rendido al momento.

A pesar de ello, no me veía amamantando tres niños a la vez y todos en nuestra cama. Además, a mi marido le empezaron a llenar la cabeza de que era peligroso para el embarazo aunque sea falso. 

Así que le montamos en su habitación una cama baja, le hizo mucha ilusión y él mismo pedía ir a dormir allí. Yo le daba pecho y cuando se dormía me volvía a mi habitación (y tenía que volver al menos un par de veces… Porque eso de dormir del tirón no es su fuerte).
Durante esos días le empecé a contar que la teta estaba cansada y me puse una tirita. ¡¡Y vaya si le caló la idea!!! Una noche me dijo: “La teta está rota” y ya no volvió a pedir. Se durmió después de dar mil vueltas en la cama y manosearme el pecho. Me quedé alucinada, por primera vez en casi 2 años había conseguido dormirlo sin el pecho. Mi hijo que no podía vivir sin su teta… Que se ponía nervioso e impaciente cuando llegabamos a casa por tomar su toma porque desde hacía tiempo teníamos pactado que la teta sólo se podía tomar en casa. 

Al tercer día vi que iba en serio, hasta le decía a los desconocidos que su mamá tenía las tetas rotas… Porque así es él de extrovertido, acaba de empezar a hablar y me mete en estas historias, no me quiero ni imaginar más adelante! Reconozco que lloré y sentí pena, sentía que había perdido mi bebé. Echaba de menos (y echo de menos) la lactancia. 

Sin lugar a dudas mi gran baza para el destete fue el embarazo. Había entrado en el segundo trimestre y según había leído la producción de leche disminuye o incluso desaparece. De ahí que mi hijo estuviera tan convencido de que la teta estaba rota, si no, no hubiera sido tan sencillo y seguro que hubiera sido prologada durante mucho tiempo. 

Sin embargo al final me he quedado sin lactancia y sin embarazo. Un duro golpe que me va a costar mucho tiempo para aceptarlo. Además, desde que estuve en el hospital Lucero no quiere dormir sólo en su habitación y ha vuelto a nuestra cama… Pero no me importa, me encanta que se duerma acurrucado y con su mano en mi pecho. Ya volverá a su cama cuando él quiera, sin prisas. 

 Espero que mi experiencia pueda ayudar a otras madres. ¿Qué experiencia tenéis? ¿Habéis vivido un destete? Por cierto, para que luego digan que se despiertan más veces con el pecho… ¡Lucero sigue con los mismos despertares!

Anuncios

18 meses de lactancia materna

¡Quién me iba a decir que llegaría hasta este punto! Sobretodo cuando nació y con todos los problemas que tuve para que se enganchara al pecho tal como expliqué en  entradas anteriores.

No pude evitar crear mi propio “Tree of life”

Puedo asegurar que me encanta dar el pecho a mi bebé, pero… se me ha pasado muchas veces por la cabeza destetarlo. Está es mi visión personal sobre la lactancia materna.

Mis inconvenientes:

1. Crea mucha dependencia. El bebé no puede estar sin ti. Ahora que es más mayor aún hay veces que tengo la impresión de que me ve sólo como un par de tetas, y si tiene “mono” insiste sin parar con rabieta incluida. 

2. No sabe dormirse sin su teta si estoy presente. Sólo conseguimos dormirlo en el carrito de paseo y sin estar yo presente. En la guardería duerme en un colchoneta él sólo, pero estoy segura de que el ambiente le condiciona (y seguro que habrá llorado lo suyo antes). Sólo ha pasado una noche sin mi y fue una pura odisea para mi madre. 

3. Tiene más despertares. Lucero duerme muy muy mal. En 18 meses sólo ha conseguido dormir 3h seguidas como máximo (¡y esas noches me despierto con ganas de comerme el mundo!) pero lo normal es que pida cada menos tiempo, incluso rachas de toda la noche con la teta en la boca o despertarse cada 40 minutos o menos. Estoy segura que si le quitara el pecho y dejara de hacer colecho tendría menos despertares. Aunque es verdad que también ha tenido sus motivos porque ha pasado por una otitis perforada y su intolerancia a la leche de vaca le ha provocado más de un dolor de tripa.

Mis ventajas:

1. Siempre disponible. Hemos viajado bastante y siempre ha tenido su leche disponible. Cuando está enfermo sólo quiere pecho y yo me quedo más tranquila porque se que algo ha comido. También al tener la intolerancia a la proteina de leche de vaca (que todavía no ha acabado de superar) me ha ahorrado mucho dinero porque las leches hidrolizadas son carísimas y saben además fatal.

2. Le relaja. Lucero es un bebé muy muy intenso. Y no lo digo yo, lo dice todo el mundo. “Vaya bicho” .  También no se cómo serán las rabietas que dicen que tienen a partir de los dos años porque él hace tiempo que empezó y es agotador. Muchas veces le he ofrecido pecho para relajarse por estar yo misma desbordada. También para dormir es mano de santo, al poco de succionar cae rendido.

3. Es nuestro momento de paz y conexión. Lucero es poco cariñoso, por eso, con más motivo cuando está abrazado a mi mirándome con esos ojazos me derrito de amor. 

Por lo pronto estoy siguiendo el plan de No ofrecer, pero no negar. También le he dicho que la teta tiene frío (a ver que excusa me invento en verano) y parece conforme con la idea y siempre se espera a pedir cuando llegamos a casa, pero a veces es llegar al portal y se enrabieta de la desesperación que tiene por cogerse a su teta. 

Tengo previsto para verano quitarle las tomas nocturnas. Esperamos hasta verano porque necesito la ayuda del papá, pero mientras, es difícil porque se pasa muchas horas a la carretera y me preocupa que el sueño le pasase factura. También tengo la esperanza de que como será algo más mayor le podré razonar y convencer mejor con el cuento de La teta cansada para conseguir que entre sus rutinas no esté el pecho para dormir.

Se hace mayor.

Hasta entonces seguiremos igual ya que no hay otra forma de relajarse y rechaza también biberones y chupetes. No quiero terminar con la lactancia, me encanta, pero necesito descansar mejor. 

¿Alguien en una situación parecida? ¿Me podéis dar algún consejo?

Dieta libre de lácteos (APLV)

A mis 30 años, nunca había hecho una dieta. Como mucho me había privado de picar entre horas y quitarme bollería (¡y para mi ya era bastante duro!).  Aunque no tenía sobrepeso,  estaba rellenita pero por suerte tenía un metabolismo bastante bueno para lo mal que comía. Había aprendido a aceptar mi culamen y cartucheras.

Sin embargo, mi lucecita me enseñó una vez más lo que una madre es capaz de hacer por su hijo.

Como ya expliqué en mi entrada de Luchando por la lactancia materna al final deducimos que la sangre en las heces era por la intolerancia a la proteína de leche de vaca. No obstante,  la historia no quedó ahí. Aunque el pecho “filtra” gran parte de lo que comemos, por la leche materna aún pasaba la proteína de leche de vaca que yo consumía. 

En diciembre, cuando tenía cuatro meses decidimos hacer nuestra primera escapada.  Pero fué un desastre.  Lloros incontrolados y quejidos continuos.  El responsable… ¡El bufet libre! Y es que cuando tengo tanta variedad me pongo a devorar aunque no tenga más hambre.

image

Al pediatra se lo comenté y no le dio más importancia,  pero yo sabía que a mi bebé le pasaba algo, que esos lloros eran de dolor y empecé a comprobar que casi siempre eran al poco rato después de las tomas. Así que me informé por Internet y comprobé que Lucecita tenía una gran parte de los síntomas de  alergia a proteína de leche de vaca (APLV):

* Cutáneos: urticaria, eczema, rojez o palidez de la cara, edema.

* Digestivos: regurgitaciones, vómitos, estreñimiento, diarrea crónica (en niños lactantes), dolores abdominales (en niños pequeños).

* Respiratorios (en un 20-30% de los casos): tos sibilante, asma, dificultades para respirar.

Por suerte de los respiratorios no había nada,  pero su cuerpo estaba reaccionando también con otros síntomas que yo no los había relacionado o creía que era normal como los granitos que tenía siempre en sus mejillas (que me decían que eran “engordaderas”).  También tenía bastantes vómitos y hacía varias veces al día caquitas con moco. Pero según su pediatra era lo normal…

Después de leer todo decidí hacer dieta estricta.  Ni leche de vaca, ni siquiera trazas de leche.  Pensaba que sería sencillo, ¡Pero hasta lo menos esperado tiene trazas de leche!

image

En la próxima entrada os cuento cómo nos fue y las pruebas que hicimos. Ahora me voy a disfrutar del buen tiempo con mi familia.  😊

¿Habéis oído hablar de este problema?

Luchando por la lactancia materna (II parte)

Continuo explicando mi lucha por la lactancia materna. 😉

Una vez en casa la situación no fue a mejor. Vivíamos pendientes del reloj con alarmas sin dejar que pasaran más de tres horas para darle de comer. La rutina siempre era la misma, intentar darle el pecho para después acabar dándole fórmula con una jeringa. Entre esas horas estaba con el sacaleches, estimulando mis pechos lo máximo posible.

Además tenía digestiones muy pesadas,  se notaba que le dolía la tripa y lloraba al poco de las tomas, no éramos capaces de consolarle…  Al final caía dormido de sueño y pasadas las horas reglamentarias volvíamos a pasarlo mal cuando veíamos que no se despertaba y más tarde no quería comer. Parecía una pesadilla que se repetía una y otra vez.

image

A los cinco días de vida fuimos a urgencias,  la primera de muchas que vendrían después por diferentes motivos.  En este caso fue porque no paraba de llorar… ¡Y no sabíamos que hacer! Al llegar allí nos dijeron que mi bebé estaba hambriento y entre dos enfermeras a la fuerza le hicieron agarrarse al pecho.  Cuando digo a la fuerza, es literal… Apretando su cabeza contra mi pecho sin casi dejarle respirar mientras lloraba rabioso hasta que acabó cediendo. Lo recuerdo y se me ponen los ojos vidriosos.

Para mi marido ese día fue un antes y un después. Dejó de apoyarme en mi lucha por la lactancia materna,  se le partía el corazón al igual que a mi al ver su rechazo al pecho y relacionaba la pérdida de peso por los lloros constantes cuando se le ponía a mamar. Desde ese día dejé de intentar amamantarle delante de él,  y cuando lo intentaba insistía muy poco. Yo también me sentía muy culpable y caí en la depresión postparto.  Sólo tenía ganas de llorar y perdí tanto peso que me quedé más delgada que antes del embarazo.

Sin embargo yo continuaba con la esperanza de que se enganchara porque el instinto de buscar lo tenía muy desarrollado, el problema era que al momento de hacer la succión se enrabiaba y me soltaba. Decidí comprar el biberón calma de medela. Se supone que imita el pezón de la madre y la lengua la tiene que colocar igual para succionar. Los siguientes días los recuerdo borrosos entre lloros, biberones, sacaleches y esterilizadores.  Quería al menos conseguir una lactancia en diferido con el sacaleches, pero no sacaba la suficiente leche, a pesar de que nunca dejaba pasar más de dos horas entre extracción (ni por la noche). Mi estado de ánimo no debía ayudar.

image

Durante estos días, Álex tuvo una conjuntivitis en un ojito porque tenia una obstrucción del lacrimal y también se resfrío. Su nariz estaba llena de moquitos que no le dejaban respirar bien. ¡Suero por todas partes para aliviarle!

A los 15 días todavía no había recuperado su peso inicial y el pediatra lo achacó a sus resfriados. Nos dijo que le diéramos de comer más a menudo,  pero si le forzábamos lo vomitaba. Ese mismo día en sus pañales vi hilos de sangre que continuaron los siguientes días. Me puse histérica.

Mientras esperábamos los resultados de los análisis de sus heces (tardaban cinco días) me puse en contacto con un grupo de lactancia por recomendación de una conocida sin mayores esperanzas. La asesora después de explicarle mi situación se ofreció a venir a mi casa y me recomendó que llevara a mi hijo a un osteopata especializado en bebés.

En cuanto a la cara de mi hijo,  se había recolocado aparentemente del todo pero nos pareció muy buena idea lo de llevarle a un profesional.  En la consulta del osteópata nos explicó la raíz de todos nuestros problemas. Álex tenía una contractura en la mandíbula. En esa misma sesión comenzó a masajearle su boca y también sus caderas porque aunque no lo había comentado también tiene una ligera displasia que están controlando los pediatras con ecografias.

¡¡Era tan lógico!!  Él sufrió en el parto y se desplazó su carita,  es normal pensar que tuviera una contractura en los músculos de su mandíbula.  ¡Eso explicaría por qué lloraba al pecho y le costaba tanto!

La asesora, al día siguiente vino a mi casa. Probó diferentes posturas con mucho cariño y al final se agarró.  Yo llevaba ya una semana sin intentarlo siquiera. Pensé que fue casualidad y que las siguientes tomas volvería con la batalla… Sin embargo ese día comencé la lactancia materna exclusiva.  No me olvidaré de la fecha,  29 de septiembre,  para mi fue un renacer.

image

¿Y la sangre en las heces?  Los análisis salieron todos negativos, por lo que el pediatra sugirió que podía ser una intolerancia a la proteína de la leche artificial.  Como mi bebé había comenzado a mamar sin necesidad de tomar complementos esperamos a ver cómo salían sus deposiciones con lactancia materna exclusiva… ¡¡LIMPIAS!!

En 24h habíamos solucionado sus principales problemas. Me sentía eufórica y liberada. Por fin veía la luz. También me encontraba algo disgustada por no haber caído en la raíz del problema mucho antes (y que los pediatras tampoco se dieran cuenta).

A partir de ese día empezó a mamar cada vez con mucha más fuerza y ya no se retorcía de dolor en las digestiones.  Pobrecito…  Él sólo lloraba para explicar su malestar y no supimos interpretarle antes. Me estremezco de sólo pensar lo que debió padecer. Mi hijo no era un “vago”.

Ahora a cinco días de cumplir los dos meses tengo un bebé muy feliz que no para de regalar sonrisas.

Ya no controlan su peso semanalmente, aunque es un bebé delgado va ganando lo que le toca. Eso sí…  ¡Siempre estoy controlando ese percentil 5 en el que está! Ahora lo tengo pegado a mi las 24h del día pidiéndome pecho para todo, hemos pasado a tal extremo que hasta no sabe dormir sin su teta. Sin embargo yo lo hago encantada. Es un niño un poco complicado la verdad, tiene mucho carácter, es nervioso y poco dormilón pero muy muy risueño.

Me he sorprendido a mi misma. Siempre lo había escuchado pero no eres consciente de lo que eres capaz de hacer por tu hijo hasta que lo vives.

image

Una sonrisa suya es mi fuente de energía. 😊

Luchando por la lactancia materna (I parte).

Dar de mamar es una elección totalmente personal y, obviamente, no se es mejor o peor madre por dar teta o dar biberón.

En mi caso, antes del embarazo siempre había tenido claro que mi intención sería dar el pecho a mi hijo y una vez embarazada me empapé de toda la información que había al respecto. Me compré también el famoso libro de Carlos González “Un regalo para toda la vida”.

Pero… ¡La teoría es mucho más sencilla que la práctica! Al menos desde mi opinión. Todavía más si lo ligas al cóctel explosivo hormonal del postparto.

Mi parto no ayudó a instaurar un buen inicio de la lactancia porque Álex nació a consecuencia de tantas horas de estar encajado con la nariz y la mandíbula torcida.

Al principio no pude ponerlo a mamar porque me estaban cosiendo, pero en cuanto tuve la oportunidad, a las tres horas de nacer,  con la ayuda de una comadrona lo pusimos al pecho. Aparentemente se agarró bien y yo me sentía pletórica de felicidad.  Siempre me había imaginado ese momento…

Sin embargo las siguientes veces fui y fuimos (porque venían enfermeras a ayudarme) incapaces de que se enganchara más de un minuto seguido.  Lloraba desconsoladamente y se enfadaba con mi pecho.  A eso le sumamos que le teníamos que despertar porque él no quería comer y podía estar horas y horas durmiendo.

image

Los pediatras en las revisiones explicaron que su carita seguramente se arreglaría del todo (aunque a mi no me gustaba ese “seguramente“) y que no tenía ningún tipo de frenillo.  Me decían que mi bebé era un vago y por eso no quería mamar. A mi no me gustaban nada esas afirmaciones, me parecía absurdo. ¿¿Cómo va a ser un vago con un día de vida??

Con las matronas tuve de todo,  según el turno había unas que eran defensoras de la lactancia y otras que enseguida querían enchufar el biberón.  Lo que tenían claro por ambos casos es que Álex necesitaba leche artificial porque no se estaba alimentando.

Me enseñaron a dársela con “dedo jeringa”, para que no se acostumbrara a una tetina pero otras comadronas le dieron enseguida un biberón. Mientras seguíamos intentando… Con pezoneras, de todas las posturas posibles, tirando en la comisura leche para estimularlo etc.

Al segundo día pedí que me fueran a comprar un sacaleches con urgencia. No quería que se quedara sin el calostro ni perder mi producción de leche, quería seguir estimulando mis pechos.

Y ahí estaba… Con el sacaleches, junto con todas las molestias de los puntos. No sacaba suficiente leche para darle una toma, pero no quería rendirme. Y ese mismo día me derrumbé y pedí que nadie me fuera a visitar, me resultaba muy bochornoso que me vieran con el sacaleches,  quería intimidad con mi familia y estar tranquila. Mientras pendientes siempre del reloj, sólo quería dormir y costaba horrores despertarle.

A las 48h de nacer Álex, después de la prueba del talón,  nos dieron el alta. Ahora tocaba enfrentarse sola con la situación en casa. 

Continuará… Mañana sigo, lo prometo. 😉