Embarazo bioquímico

A veces se le denomina “aborto bioquímico” o “microaborto” y no es mas que una pérdida embrionaria precoz, tan precoz que no llega a verse en la ecografía resolviéndose sin la necesidad de administrar ninguna medicación ni de realizar un legrado.

La entrada anterior de mis tratamientos de fertilidad la escribía con la intención de explicaros después mi test de embarazo positivo… Pero como podéis imaginar, el transcurso del embarazo no ha sido como era de esperar.

Detecté el positivo un día antes de mi falta con una raya marcada muy levemente. Dos días después lo volví a repetir y se marcaba más. Desde ese momento fui plenamente feliz, me volví a ilusionar y rápidamente se lo dije a mi hijo para que mi propio hijo le diera la sorpresa a mi marido. Acabamos abrazados juntos muy emocionados. Un momento que nunca olvidaré. Lucero desde ese día me daba besitos en la tripa y también las buenas noches.

Sin embargo nuestra felicidad ha durado exactamente 12 días desde aquel test. Me desperté manchando sangre roja, ya me imaginé lo peor, y tuve que volver a las urgencias, el escenario de mis pesadillas, sólo que esta vez ya sabía perfectamente lo que significaba.

Un embarazo bioquímico. Muchas mujeres ni se enteran de que los tienen porque los consideran retrasos en su período, pero yo sé que he llegado a tener un embarazo, una implantación… Que no ha evolucionado.

En unos días he pasado de estar de la felicidad más absoluta a caer en lo más profundo de la decepción. Yo que decía que había perdido la inocencia por unos días me volví a ilusionar. Ilusa de mi me volví a creer la historia de “eso a mi no me pasará“. También es verdad que iba con la idea de que si tenía otro embarazo lo quería disfrutar desde el primer día y así lo hice.

Pero en un abrir y cerrar de ojos me vuelvo a encontrar en la línea de salida pensando si en algún momento llegaré a la línea de meta.

A pesar de que era todavía un secreto, en la guardería ya se le había escapado que iba a tener un hermanito (habla por los codos), estaba muy entusiasmado. Por ese motivo, le hemos dicho que el hermanito se ha ido. Se ha quedado pensando muy serio y me ha respondido: No te preocupes mamá, lo encontraremos.

Nuevo año, nueva búsqueda.

Estoy deseando que acabe el 2017, como si tuviera la sensación de que el 2018 nos va a traer buenas experiencias. 

Mi aborto me ha marcado de por vida. Recuerdo la experiencia como si fuera una pesadilla y la viviera en tercera persona. Supongo que es una especie de “escudo” de la mente para soportar todo el dolor físico y sobretodo emocional que he vivido. 

Y en estas fechas no paro de pensar cómo hubiera sido todo… Estaría a un mes de conocer a mis niñas o quizás bastante antes por ser gemelar.  Las echo de menos, las recordaré toda mi vida, aunque se que cada vez será con menos dolor. 

Psicologicamente vivo en una montaña rusa, aunque cada vez con menos intensidad. Creo que estoy llevando bien mi duelo. Hablo y lloro cuando necesito… sin cortarme.

 Respecto al tema médico parece que todo ha vuelto a su sitio y nos han dado el visto bueno para volver a intentarlo. Me han avisado de que un nuevo embarazo lo viviré con mucho miedo. He perdido toda la inocencia. 

Sin embargo tenemos claro que queremos volver a intentarlo. De hecho ya he tenido una oportunidad y mi decepción al ver el negativo fue mucho mayor de lo que esperaba, por eso mismo temo que se alargue la búsqueda, ya que me queda la incertidumbre de si se quedó todo bien dentro después de la infección y los dos legrados. En mis anteriores embarazos fuimos demasiado afortunados y teníamos el positivo en el primer intento aunque se que eso no es lo normal. 

Mi Lucero sé que será un hermano mayor excepcional. Él es muy “brutote” pero es responsable y con los bebés se le despierta una ternura indescriptible. Cuando lo veo me derrito de amor y pienso en lo bien que hubiera cuidado de sus hermanas. 

Histeroscopia postaborto.

Continuo mi experiencia postaborto, por fin me hicieron la esperada histeroscopia, la esperaba como si fuera la explicación a todos mis problemas. 

La histeroscopia es un procedimiento diagnóstico que permite la visualización directa del canal cervical y de la cavidad uterina. … Lahisteroscopia diagnóstica consiste en introducir una lente (histeroscopio) a través del cuello del útero para visualizar la cavidad uterina.


Me tomé un ibuprofeno una hora antes según me habían recomendado… Y también me tomé una tila porque iba muy nerviosa. La histeroscopia me la iban a hacer en consulta. No iban a darme ningún tipo de analgesia. 

Antes de entrar me hicieron firmar un consentimiento con todas las posibles complicaciones para animar un poco más mis nervios. 

En la consulta me llevaron a una sala a parte y no dejaron entrar a mi marido. En la camilla me coloqué perfectamente porque ya soy una experta en abrirme de piernas para que me vean los ginecologos. Me avisaron de que irían echando suero por mi útero y por eso tendría la sensación de estar mojada. 

Cuando llegó el momento de entrar el histeroscopio no me dolió tanto como esperaba, pero molestaba muchísimo. Era una sensación muy desagradable. Por suerte tenía una enfermera que era una bendición, preocupada en todo momento por mi. Me sacaba conversación e intentaba hacerme reír para relajarme, sólo le faltó bailar. Cuando tuvo que cortar para coger nuestra me dolió una barbaridad… apretaba fuerte la mano de mi enfermera que me había puesto a contar en ese momento las baldosas del techo. 
Me dijo que lo veía engrosado en la parte posterior pero normal. Al salir me hicieron una ecografía y se echaron las manos a la cabeza… Tenía el endometrio todavía más grueso que la última vez. Con ese endometrio no se podía ver claramente una histeroscopia. Para que me entendáis mejor… estaba tan engrosado que “tapaba” las posibles adherencias que existieran.  Precisamente me recetaron unas pastillas para adelgazarlo de cara a la histeroscopia pero no hicieron su efecto a tiempo. 

A los dos días me vino una mestruación bestial. Pensaba que me desangraba. En la visita posterior para recoger los resultados me dijeron que el resultado era normal propio de un endometrio antes de la regla. Al hacerme una ecografía vieron que por fin se había adelgazado a niveles normales y que era probable que mi cuerpo hubiera expulsado por sí sólo lo que quedaba. 

Han pasado ya 8 días desde la regla y todavía sangro. No quiero cantar victoria hasta que no lo vea limpio y hasta el 16 de noviembre no tengo la próxima revisión. 

Por mi parte sigo con mis altibajos, soy una hormona con patas. Ya han pasado más de dos meses desde el aborto y la gente nunca me habla del tema, como si quisiera evitarlo, como si no hubiera pasado. Yo en cambio lo tengo muy presente… Me siguen viviendo imágenes del aborto, recuerdo sentimientos, dolor y mucho sufrimiento

Me gustaría poder hablar con mujeres que hayan pasado por una situación parecida. ¿Conocéis algún grupo de Facebook del estilo recomendable? 


Cuando no puedes pasar página…

Mi blog se ha vuelto un espacio oscuro, lleno de sombras, pero ahora mismo es cómo me siento y mi vía de escape. 

Hace una semana me encontraba bien dentro de lo que cabe, con ganas de pasar página después de lo ocurrido. Podría decir que hasta había aceptado mi duelo. Había aceptado que mis mellizas se habían ido para siempre

Tenía la impresión de que todo volvía a la normalidad, me había venido la menstruación y ya restaba las que me quedaban para volver a intentarlo. 

Pero algo en el fondo me decía que iba mal. Hacía ya días de mi regla y seguía manchado de forma irregular. Me reuní de valor y me fui de nuevo al escenario de mis pesadillas. Volví a ver la pantalla que vi a mis bebés moverse por última vez. Volví a ver la misma pantalla vacía otra vez.


Ahora me he hecho ” famosa” y en mi cita acuden uno o dos ginecólogos, residentes y estudiantes. Me he convertido en un caso especial muy a pesar mio. Se ponen a mirar la pantalla, demasiado tiempo… Yo observo sus caras en busca de pistas y son de preocupación. Sin que me digan nada ya se la respuesta. 

Todavía quedan restos placentarios en tu útero. 

Mes y medio desde que se me rompió el alma, dos legrados después y todavía no puedo pasar página. Lloro de rabia, de indignación. ¿¿No se supone que por histeroscopia ya vieron que estaba limpia?? Se escudan en que en ambos casos entro en atonía y me desangro. Se centran en controlar la hemorragia y mi útero está muy inflamado y “sucio” de sangre para ver. Son diminutos los restos, pero mi cuerpo los quiere expulsar y no puede.

Me dicen que mi útero tiene la pared diez veces más gruesa de lo que debería y los ovarios tienen ambos dos quistes. Mi cuerpo está tan perdido que ha perdido el control sobre mi fertilidad

Se reúnen y pactan en privado qué harán conmigo. Después deciden que me recetarán anticonceptivos para “secar” mi endometrio y el día 25 (justo dos meses después de mi pérdida) me harán una histeroscopia en consulta para ver mejor mi útero. Ahí decidirán que hacer. 

Ahora tengo miedo. Miedo a no poder ser madre nunca más. Sé que tengo endometritis crónica y puede dejar secuelas. Los quistes seguramente se reabsorberan. Va a tener que pasar demasiado tiempo para saberlo y todavía no he podido ni cerrar esta historia.

Después de todos estos acontecimientos, me encuentro más hundida que nunca. Ya no me ayuda ni la terapia a la que iba. Me encerraría para no salir nunca más, pero mi hijo me lo impide. Lloro a escondidas porque enseguida me pregunta si tengo pupa con cara de preocupación. Él que nunca ha sido un niño muy cariñoso, me suelta besos y “te queros” cuando menos me lo espero. No se qué haría sin mi hijo.

Mi segundo legrado. 

Cuando oyes hablar de abortos y a ti no te ha pasado te parecen experiencias muy lejanas, raras… Y de repente te estampas con la realidad y empiezan a aparecer casos de abortos, algunos bastante cercanos. No entiendo cómo hoy en día sigue siendo un tema tan tabú. Parece que la sociedad te exija seguir adelante como si no hubiera pasado nada. ¡¡Pero no señores!! Quiero llorar y necesito llorar. Necesito seguir mi duelo.

Ya expliqué el aborto de mis mellizas, entrada que ni he querido volver a leer por no recordar. Sin embargo, la vida me preparaba otro duro golpe que me haría volver a los mismos escenarios tan sólo 8 días después de mi alta.

Los días posteriores a mi aborto fueron horribles. Me encontraba débil debido a la anemia y el cocktail hormonal. Además estaba siendo muy cruel, sobretodo con mi marido… Y a pesar de ello él me contestaba con cariño: “Se que estás mal y me da igual lo que me digas, te quiero”. Lucero que ya dormía en su habitación, no quería separarse de mi y había vuelto a hacer colecho con nosotros. Yo me sentía mal porque no podía seguir su ritmo pero lo intentaba. 

Cuando parecía que dejaba de sangrar, volvía a hacerlo de golpe. No sabía si eso era normal, y no quería ni preguntar. Sin embargo ese día me encontraba más cansada de lo habitual y sólo quería cama. Estaba sola con el niño, mi marido estaba trabajando lejos de la ciudad y llamé a una amiga pidiendo ayuda. Enseguida se presentó en mi casa y dijo que nos íbamos a urgencias. Yo no quería volver a revivir la experiencia y renegaba. Llamé a la señora de confianza que nos cuida a Lucero cuando está enfermo y nos fuimos al hospital. Pensé que sería ir y volver, pero no iba a salir hasta 4 días después.

Lloré nada más entrar, me encontraba en el escenario de mi pesadilla. Me atendió precisamente mi ginecólogo de la mutua que estaba de guardia y todavía no se había enterado de mi historia. Ese hombre que relacionaba con noticias buenas y acudía con ilusión a sus citas. Me desplomé de nuevo. Sabían ya por los cultivos, cuál había sido mi asesino: “Haemophilus Influenzae”. Una bacteria que muy rara vez causa infecciones en gestaciones. Con una incidencia de 0,5 entre 100.000 mujeres. Pero yo… “Había tenido mala suerte”. Se hospedó en una placenta y provocó el aborto de ambas. Además fue totalmente asintomática antes del episodio.

Me hicieron una ecografía, lloré al ver la pantalla vacía y no paraban de repetir “Ahí está”. Quedaba todavía un resto en mi útero de placenta que mi cuerpo intentaba expulsar y no podía.  Se supone que no lo vieron en la anterior legrado porque se preocuparon más en controlar mi sangrado y después pensaron que eran coágulos. Me dijeron que tenían que ponerme tandadas de antibióticos y necesitaba un segundo legrado. Tenía infección.

Me reí en plan psicópata. Sola con varios profesionales. No podía estar pasándome a mi, qué broma de tan mal gusto me estaba gastando la vida. Cuando era tan feliz. 

Mi marido acudió en cuanto pudo. Pero le pedí que volviera con nuestro hijo, él nos necesitaba y al menos que lo tuviera a él para fingir un poco de normalidad. Mis padres ya estaban viajando a mi ciudad para estar conmigo.

Al día siguiente me subieron a quirófano. Esta vez estaba más consciente, la anterior los recuerdos los tenía más borrosos supongo que por la pérdida tan reciente. Tenía mucho frío y sobretodo miedo de que fuera mal y no ver a mi hijo, del que ni me había despedido. Me ataron con los brazos en cruz, me pusieron una mascarilla… 

Cuando desperté lo primero que miré es si tenía alguna sonda entre mis piernas. Sólo tenía una vía nueva en la otra mano. Me fijé a mi alrededor, estaba en la misma sala de reanimación donde iban los bebés recién nacidos con sus padres. Escuchaba llorar un bebé de fondo, pero esta vez no estaba “sola” en mi dolor. A ambos lados tenía unas mujeres todavía más desorientadas que yo, estaban tristes, ellas tampoco estaban por un buen motivo en reanimación.

En cuanto me vieron que me movía se acercó una ginecóloga. Me dijeron que habían tenido una complicación (¿¿¿Otra vez???) y que había perdido de nuevo mucha sangre, aunque esta vez me habían podido controlar. Cómo no era normal que siguiera sangrando habían decidido hacerme una histeroscopia para hacerme un diagnóstico diferencial por si tenía algún mioma. Pero se encontraron que tenía como un granulado de restos, así que me tuvieron que legrar de nuevo todo el útero. Por suerte no había miomas y de paso habían comprobado que mis trompas no habían quedado ocluidas.

Dos días después volví a casa con la condición de que me trataran como una princesa. Tengo anemia grave, sigo con antibióticos durante una semana y hierro por tres meses. Sigo sangrando, pero muy poco y me han explicado que es probable que se me pueda juntar con la regla porque mi cuerpo cuenta el aborto como el principio del ciclo, no el segundo legrado.

Y lo paradójico es que a pesar de lo mal que lo he pasado, deseo con todas mis fuerzas volver a intentarlo, volver a ser madre. Quiero ver que me viene la regla, que mi cuerpo vuelve a la normalidad, que no tendré secuelas. Sin embargo los ginecologos me han dicho que mi útero no debería pasar por un nuevo embarazo hasta pasado medio año. Me parece una eternidad. Iba a tener mi familia numerosa en febrero. ¿Me costará quedarme embarazada? ¿Mi útero tendrá problemas? 

Ahora voy a intentar disfrutar de los intensos dos años de mi hijo. El dolor es el mismo, tengo que fingir sonrisas pero él es mi motor, el único que evita que me hunda. 

Hasta siempre mis niñas

Con el título ya os podéis imaginar… He vivido la peor experiencia de mi vida. 

Nada me hacía imaginar que al día siguiente de explicar que todo iba perfecto iba a experimentar el dolor más intenso. Tengo el corazón y el alma partida. Me siento vacía.

Os iba explicar que venían dos niñas, os iba a explicar cómo daríamos la noticia del sexo, os iba a explicar cómo iban a ser nuestras vacaciones por los fiordos Noruegos, os iba a explicar mis primeras mariposas en el estómago, os iba a explicar muchas cosas, pero ninguna ha podido realizarse.

El día 25 de agosto a las 22:00 y 22:30 horas parí a mis mellizas de 15 semanas de gestación.

Todo comenzó por la mañana al despertarme. Tuve un manchado mucoso marrón. No le di mucha importancia pero nos fuimos a urgencias a primera hora para quedarnos tranquilos ya que al día siguiente teníamos que coger un avión.

En urgencias me empezó a molestar la tripa, pensé que serían nervios pero iba en aumento. Cuando me miraron me dijeron que todo estaba perfecto, que sería una vieja herida que no me preocupara. Me enseñaron a mis niñas por el ecógrafo y no paraban quietas. Yo comenté que me dolía la tripa pero me dijeron que sería distensión de ligamentos. Sin embargo al salir… Me medio desmayé y me empecé a retorcer de dolor. Era como si me estuvieran acuchillando la tripa.

Enseguida me metieron en un box, me midieron la tensión y la tenía por los suelos. Me pusieron una vía con analgésico y me sacaron sangre. Ahí seguía retorciéndose de dolor mientras escuchaba los monitores de los boxs de la sala. Lloraba y lloraba, me imaginaba ya lo peor.

A la hora, el analgésico empezó a hacer efecto y nos empezamos a imaginar que igual era una infección de orina muy “heavy”. Como tenía ganas de orinar, me fui al baño y… Se me cayó el mundo. Tenía las bragas llenas de sangre, sangre roja. Abrí la puerta del baño delante de todas las enfermeras y grité: “Estoy sangrado!!”. 

Enseguida se me llevaron los ginecólogos y comprobaron que la sangre provenía del útero. Además me hicieron un tacto muy doloroso y me dijeron que había empezado a dilatar. Grité y grité que lo pararan, pero me dijeron que si sangraba, no podían hacer nada. 

Las analíticas salieron disparadas, como si hubiera alguna infección. Llegaron a pensar que era un ataque de apendicitis porque me dolía sobretodo el costado derecho, pero los cirujanos por ecógrafo lo descartaron. 

De repente empecé a notar un dolor diferente, unas oleadas de dolor… Sabía lo que era ya las pasé con mi hijo. Contracciones.

Después me subió la fiebre, vomité y no paraba de  llorar sin descanso. Me dijeron que tenía que parirlas. Yo grité que dolor para dar vida sí, pero para que nacieran muertas me negaba. Sin embargo, mis súplicas fueron en vano, como mucho podían darme analgésicos pero necesitaban que tuviera contracciones para expulsarlas, eran ya bastante grandes y así mi cuerpo tendría menos complicaciones. 

Rogué también que apagaran los monitores de la sala, no soportaba escuchar los corazones de los demás bebés. Me cambiaron a otra sala un poco más apartada. Las contracciones eran cada vez más seguidas, explotó como un globo y empecé a mojar toda la cama. Lloré con más intensidad aún, hasta ese momento no se porqué aún tenía la mínima esperanza. Empecé a sentir ganas de empujar, avisé y sacaron rápidamente a mi marido completamente destrozado de la habitación. Salió mi primera niña y se la llevaron rápidamente sin poder ver nada. Me dejaron sola, me sentía como fuera de mi cuerpo, estaba en trance, callada, tranquila. 

De repente quise empujar de nuevo y salió mi segunda pequeña. Instintivamente eché la mano y la recogí. Se movía, dejó a los segundos de hacerlo en mi mano. Le susurré que mamá le quería mucho, que lo sentía. 

Al momento entró una comadrona alterada y me dijo que no la tocara y la retiró. Me metieron la mano dentro, le pedí que no me tocara, y le retiré el brazo con todas mis fuerzas a la ginecóloga. Querían acelerar y sacar las placentas. Con varios pujos poco tiempo después salieron las placentas aparentemente íntegras. 

Más tarde nos preguntaron si queríamos verlas, yo quería y mi marido también. Nos las presentaron una enfrente de otra, muy limpias. Mi marido nada más verlas se vino abajo. Yo seguía en trance, me detuve a mirarlas detenidamente, cada detalle, les llame por el nombre que dos días antes habíamos decidido, necesitaba aceptar que ya no estaban dentro de mi. Eran muy diferentes y una tenía los morritos de nuestro Lucero. 

De repente caí en mi marido y le abracé para intentar consolarle. Él, había sufrido tanto como yo, aunque de manera diferente.

Sin embargo, a la pesadilla le quedaba todavía mucha historia. Al día siguiente por la tarde, al hacerme una ecografía dijeron que necesitaban hacerme un legrado. 

Me sedaron y cuando desperté estaba llena de cables, controlaban mi corazón, tenía otra vía en la otra mano con una bolsa de sangre y había un tubo que acababa en una bolsa llena de sangre que salía de mi vagina. 

Me dijeron que durante el legrado mi útero no había vuelto a su sitio y había perdido mucha sangre, tanta que mi cuerpo estuvo al límite. Me hicieron dos transfusiones de sangre. Me habían puesto “un globo” en el útero para bloquear la salida de sangre.

No obstante, lo peor que me hizo sentir es estar en la misma sala de reanimación que las recién paridas. Los bebés lloraban, sus padres les decían cosas bonitas, las comadronas se los ponían por primera vez al pecho. Yo estaba hecha una bola en un lado de la camilla, una mamá debió pensar que estaba acurrucando a mi bebé y cuando pasó por delante de mi me felicitó.

La entiendo, nosotros hace dos años estabamos felices en esa misma sala con nuestro recién nacido. Nada me hacía pensar que la sala de reanimación de ginecología era compartida para situaciones tan extremas. Mi marido me dijo que sentía ganas de coger un bebé y salir corriendo… En eso mismo pensaba yo.  A pesar de lo débil que estaba, mi cuerpo me pedía a gritos mi bebé. Estuvimos horas ahí. Sufriendo. Impotentes.

Al día siguiente en la habitación me dijeron que tenían que llevarme de nuevo a reanimación para desinflarme la sonda poco a poco y comprobar que mi útero había dejado de sangrar. Grité y supliqué que no me volvieran a llevar allí… La ginecóloga me dijo que no tenía por qué ponerme así, que en la calle también vería bebés. La odié, la odié a muerte. 

Una vez en la sala mi útero respondió bien, pero mi alma se partía con cada lloro que escuchaba de bebé. En cuanto pudieron me devolvieron a la habitación. Estuve ingresada tres días más por anemia grave y me metieron por vena de todo.  

Por las noches me daban diazepan porque no conseguía dormir. Revivia momentos del embarazo, buenos y malos.

Ahora estoy débil, no puedo andar mucho o me canso y me mareo. No olvido ni olvidaré nunca. Siento que tengo tres hijos pero dos de ellos son estrellas en el cielo. Mi motor es mi hijo. Me echaba mucho de menos, nunca nos habíamos separado tanto tiempo. Él nota que mamá está malita y con lo brutote que es él me trata con más cariño y delicadeza. No se qué haría sin él. Admiro a las mujeres que consiguen salir adelante sin tener antes un pequeño, yo siento que no podría. 

Sigo buscando respuestas, culpables… ¿Hice algo mal? No saben que ocurrió y me dicen que probablemente me quede sin saberlo. Aparentemente estaba todo bien.

Ahora tengo que vivir con mi duelo. El tiempo lo apaciguará.