La ecografía de las 12 semanas

El screening prenatal es una prueba que se realiza entre la semana 11 y 13 de embarazo, al comienzo del 2º trimestre.  Junto con el pliegue nucal, edad madre y el análisis de sangre sacan una probabilidad estadística de que el feto se vea afectado por una de las tres trisomías más comunes (T18/13 y la famosa T21, el síndrome de Down).  Es una prueba no invasiva. Es decir, no requiere extraer muestras del útero y, por tanto, es inofensiva. El feto no corre ningún tipo de riesgo.

En mi caso me encontraba bastante tranquila, sabía que mi pequeño seguía allí aunque no tuviera síntomas y estaba deseando la llegada de este momento porque si todo iba bien, haríamos oficial mi estado. En cambio… ¡Ese día me desperté hecha un flan! La mezcla de nervios e ilusión podían conmigo y no era capaz de desayunar como debía. Finalmente pude comer apenas dos tortitas de arroz con chocolate y un vaso de leche.

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Sin tripa aparente. 12 semanas.

Ya disponía los resultados de los análisis de sangre que me había hecho hace 10 días. Normalmente te los dan el mismo día de la prueba, pero como trabajo en el área de la sanidad pude consultar mis resultados en cuanto estuvieron colgados. Era todo correcto, eso sí… Toxoplasma negativo. Debo seguir con las precauciones para evitar ponerme en contacto con el parásito.

Pero había dos datos hormonales que no conseguía entender y me empeñé en buscarles un significado. Cosa que  fue imposible, ya que por sí solos carecen de valor para interpretar la normalidad de la prueba. Se trataban de: PAPP-A (proteína producida por el feto) y beta-HCG libre (gonadotropina coriónica humana, producida por la placenta).

Me encontraba de 12 semanas justas y nada más llegar a la sala de espera me hicieron firmar un consentimiento informado en el que se explicaba la prueba que me iban a realizar y recordando que era una prueba no diagnóstica. Si más adelante aparecía un problema que no habían detectado o al revés no se hacían responsables.

Me pesaron, tomaron la tensión y me prepararon para la ecografía. Me echaron por primera vez el famoso gel y me hizo una ilusión tremenda. ¡Por primera vez abdominal! Pero mi gozo en un pozo porque acabó siendo vaginal… La pantalla no la podía ver, así que me centré en la cara de mi marido que comenzó siendo de felicidad total y se fue transformando en preocupación… La ginecóloga estuvo 20 minutos apretándome la tripa (y después la vagina) con cara súper seria. Al final muy frustrada me dijo que me vistiera y me fuera a la cafetería a tomarme un zumo.

Para medir el pliegue nucal, el feto debe estar en una posición muy concreta. Y mi renacuajo estaba tan profundamente dormido que a pesar de todos los meneos que le pegó no hubo forma de moverlo. Al final me tomé un zumo y una palmera de chocolate (este extra por si acaso) y volvimos a la media hora. Mi marido estaba súper preocupado y yo… en todo este rato ni lo había podido ver.

Al volver, repetimos operación y… ¡¡Mi pequeño estaba de fiesta!! No paraba de moverse y enseguida pudo tomar la medida. Por fin giró la pantalla y lo pude ver. Estaba muy cambiado, me costaba creer que de verdad estuviera dentro de mi. Además se estaba tocando la carita con una mano y pudimos contar cinco deditos, después se giró y nos dio la espalda. Y la ginecóloga… apagó la pantalla y me imprimió una foto. No fueron ni 30 segundos pero tengo la imagen guardada en la cabeza.

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Mi pequeño.

La ginecóloga se metió en el ordenador, empezó a introducir datos y al poco imprimió una hoja con los resultados. Nos dijo que estaba todo perfecto y que en principio no había ningún riesgo.

Trisomia T21 <1/10000

Trisomia T18/13 <1/100000

Respecto al sexo no se quiso mojar, pero nos dio igual salimos montados en una nube. Sin embargo a la semana supimos el sexo, más adelante contaré cómo fue.

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