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Poco hablo por aquí de mi Lucero. Por la calle el comentario que más me gusta escuchar es “¡Qué niño más feliz!” (Siempre que no presencien una rabieta). No tiene vergüenza, es muy sociable y enseguida cae bien a los desconocidos con su desparpajo y sonrisa de niño travieso… No ha salido a mi en eso, pero estoy orgullosa de que sea así. 

Sin embargo, es un niño que absorbe toda nuestra energía. Lleva todos sus estados de ánimo al extremo y TODO lo cuestiona

Llevamos una vida muy marcada por las rutinas para evitar (al menos en intensidad) las temibles rabietas que parecen sacadas de una película de exorcismo… Sabemos que ayuda a nuestro hijo a estar más centrado y seguimos unos horarios muy marcados incluso en fin de semana. Tiene establecidos límites muy claros y siempre le explicamos todo con anterioridad.

Ahora con el mal tiempo, tiemblo porque siempre estamos buscando planes al aire libre. Mi hijo además es muy físico y necesita correr para liberar toda su energía! Pero cuidado con pasarse porque al no saber relajarse a veces está tan cansado que desencadena otra Apocalipsis! 

Y cada día sigo sintiéndome juzgada… Me hacen sentir mala madre, como si no supiera educar a mi hijo y seguramente nos esforzamos más de lo habitual. Llegas a dudar y replantearte muchas cosas. Sé que no hay que hacer caso, pero una también es persona y tiene sus días… Sobretodo si duermes mal.

Sin duda es todo un reto para la pareja. Pone la relación al límite. Por suerte mi marido también entendió que nuestro hijo es más intenso de lo normal, que no sólo es cuestión de disciplina. Intentamos pensar que las cualidades que ahora nos agotan, de adultos si se manejan bien serán muy provechosas para su vida.  

Y vosotr@s? Qué opináis del tema? Tenéis también un hijo intenso? 

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Hasta siempre mis niñas

Con el título ya os podéis imaginar… He vivido la peor experiencia de mi vida. 

Nada me hacía imaginar que al día siguiente de explicar que todo iba perfecto iba a experimentar el dolor más intenso. Tengo el corazón y el alma partida. Me siento vacía.

Os iba explicar que venían dos niñas, os iba a explicar cómo daríamos la noticia del sexo, os iba a explicar cómo iban a ser nuestras vacaciones por los fiordos Noruegos, os iba a explicar mis primeras mariposas en el estómago, os iba a explicar muchas cosas, pero ninguna ha podido realizarse.

El día 25 de agosto a las 22:00 y 22:30 horas parí a mis mellizas de 15 semanas de gestación.

Todo comenzó por la mañana al despertarme. Tuve un manchado mucoso marrón. No le di mucha importancia pero nos fuimos a urgencias a primera hora para quedarnos tranquilos ya que al día siguiente teníamos que coger un avión.

En urgencias me empezó a molestar la tripa, pensé que serían nervios pero iba en aumento. Cuando me miraron me dijeron que todo estaba perfecto, que sería una vieja herida que no me preocupara. Me enseñaron a mis niñas por el ecógrafo y no paraban quietas. Yo comenté que me dolía la tripa pero me dijeron que sería distensión de ligamentos. Sin embargo al salir… Me medio desmayé y me empecé a retorcer de dolor. Era como si me estuvieran acuchillando la tripa.

Enseguida me metieron en un box, me midieron la tensión y la tenía por los suelos. Me pusieron una vía con analgésico y me sacaron sangre. Ahí seguía retorciéndose de dolor mientras escuchaba los monitores de los boxs de la sala. Lloraba y lloraba, me imaginaba ya lo peor.

A la hora, el analgésico empezó a hacer efecto y nos empezamos a imaginar que igual era una infección de orina muy “heavy”. Como tenía ganas de orinar, me fui al baño y… Se me cayó el mundo. Tenía las bragas llenas de sangre, sangre roja. Abrí la puerta del baño delante de todas las enfermeras y grité: “Estoy sangrado!!”. 

Enseguida se me llevaron los ginecólogos y comprobaron que la sangre provenía del útero. Además me hicieron un tacto muy doloroso y me dijeron que había empezado a dilatar. Grité y grité que lo pararan, pero me dijeron que si sangraba, no podían hacer nada. 

Las analíticas salieron disparadas, como si hubiera alguna infección. Llegaron a pensar que era un ataque de apendicitis porque me dolía sobretodo el costado derecho, pero los cirujanos por ecógrafo lo descartaron. 

De repente empecé a notar un dolor diferente, unas oleadas de dolor… Sabía lo que era ya las pasé con mi hijo. Contracciones.

Después me subió la fiebre, vomité y no paraba de  llorar sin descanso. Me dijeron que tenía que parirlas. Yo grité que dolor para dar vida sí, pero para que nacieran muertas me negaba. Sin embargo, mis súplicas fueron en vano, como mucho podían darme analgésicos pero necesitaban que tuviera contracciones para expulsarlas, eran ya bastante grandes y así mi cuerpo tendría menos complicaciones. 

Rogué también que apagaran los monitores de la sala, no soportaba escuchar los corazones de los demás bebés. Me cambiaron a otra sala un poco más apartada. Las contracciones eran cada vez más seguidas, explotó como un globo y empecé a mojar toda la cama. Lloré con más intensidad aún, hasta ese momento no se porqué aún tenía la mínima esperanza. Empecé a sentir ganas de empujar, avisé y sacaron rápidamente a mi marido completamente destrozado de la habitación. Salió mi primera niña y se la llevaron rápidamente sin poder ver nada. Me dejaron sola, me sentía como fuera de mi cuerpo, estaba en trance, callada, tranquila. 

De repente quise empujar de nuevo y salió mi segunda pequeña. Instintivamente eché la mano y la recogí. Se movía, dejó a los segundos de hacerlo en mi mano. Le susurré que mamá le quería mucho, que lo sentía. 

Al momento entró una comadrona alterada y me dijo que no la tocara y la retiró. Me metieron la mano dentro, le pedí que no me tocara, y le retiré el brazo con todas mis fuerzas a la ginecóloga. Querían acelerar y sacar las placentas. Con varios pujos poco tiempo después salieron las placentas aparentemente íntegras. 

Más tarde nos preguntaron si queríamos verlas, yo quería y mi marido también. Nos las presentaron una enfrente de otra, muy limpias. Mi marido nada más verlas se vino abajo. Yo seguía en trance, me detuve a mirarlas detenidamente, cada detalle, les llame por el nombre que dos días antes habíamos decidido, necesitaba aceptar que ya no estaban dentro de mi. Eran muy diferentes y una tenía los morritos de nuestro Lucero. 

De repente caí en mi marido y le abracé para intentar consolarle. Él, había sufrido tanto como yo, aunque de manera diferente.

Sin embargo, a la pesadilla le quedaba todavía mucha historia. Al día siguiente por la tarde, al hacerme una ecografía dijeron que necesitaban hacerme un legrado. 

Me sedaron y cuando desperté estaba llena de cables, controlaban mi corazón, tenía otra vía en la otra mano con una bolsa de sangre y había un tubo que acababa en una bolsa llena de sangre que salía de mi vagina. 

Me dijeron que durante el legrado mi útero no había vuelto a su sitio y había perdido mucha sangre, tanta que mi cuerpo estuvo al límite. Me hicieron dos transfusiones de sangre. Me habían puesto “un globo” en el útero para bloquear la salida de sangre.

No obstante, lo peor que me hizo sentir es estar en la misma sala de reanimación que las recién paridas. Los bebés lloraban, sus padres les decían cosas bonitas, las comadronas se los ponían por primera vez al pecho. Yo estaba hecha una bola en un lado de la camilla, una mamá debió pensar que estaba acurrucando a mi bebé y cuando pasó por delante de mi me felicitó.

La entiendo, nosotros hace dos años estabamos felices en esa misma sala con nuestro recién nacido. Nada me hacía pensar que la sala de reanimación de ginecología era compartida para situaciones tan extremas. Mi marido me dijo que sentía ganas de coger un bebé y salir corriendo… En eso mismo pensaba yo.  A pesar de lo débil que estaba, mi cuerpo me pedía a gritos mi bebé. Estuvimos horas ahí. Sufriendo. Impotentes.

Al día siguiente en la habitación me dijeron que tenían que llevarme de nuevo a reanimación para desinflarme la sonda poco a poco y comprobar que mi útero había dejado de sangrar. Grité y supliqué que no me volvieran a llevar allí… La ginecóloga me dijo que no tenía por qué ponerme así, que en la calle también vería bebés. La odié, la odié a muerte. 

Una vez en la sala mi útero respondió bien, pero mi alma se partía con cada lloro que escuchaba de bebé. En cuanto pudieron me devolvieron a la habitación. Estuve ingresada tres días más por anemia grave y me metieron por vena de todo.  

Por las noches me daban diazepan porque no conseguía dormir. Revivia momentos del embarazo, buenos y malos.

Ahora estoy débil, no puedo andar mucho o me canso y me mareo. No olvido ni olvidaré nunca. Siento que tengo tres hijos pero dos de ellos son estrellas en el cielo. Mi motor es mi hijo. Me echaba mucho de menos, nunca nos habíamos separado tanto tiempo. Él nota que mamá está malita y con lo brutote que es él me trata con más cariño y delicadeza. No se qué haría sin él. Admiro a las mujeres que consiguen salir adelante sin tener antes un pequeño, yo siento que no podría. 

Sigo buscando respuestas, culpables… ¿Hice algo mal? No saben que ocurrió y me dicen que probablemente me quede sin saberlo. Aparentemente estaba todo bien.

Ahora tengo que vivir con mi duelo. El tiempo lo apaciguará. 

Sello de Calidad: Probando InsectDHU.

InsectDHU es una línea productos cosméticos para las picaduras de los insectos, el roce de plantas urticantes y medusas. InsectDHU es para toda la familia, bebes, niños y adultos.

Gracias a madresfera, mi familia y yo estamos probando los productos de INSECTDHU de MAMA NATURA.

Como escribo más bien poco hace ilusión que cuenten con una para la prueba de productos.  Y ya hemos tenido ocasión de estrenar los productos… Porque con el embarazo de los mellizos debo tener una sangre muy especial y estoy siendo carne de cañón!!! 

  • Eficacia: 3. Tengo que decir que la primera vez que lo probé me supo a poco… Aunque también me levanté con 7 picaduras del tamaño de una moneda de un 1€. Pero calmar me calmó. Estaba acostumbrada a utilizar otros que llevaban amoniaco u otros componentes más “agresivos”.
  • Olor: 5. Me encanta, es un olor suave y agradable.
  • Formatos disponibles: 5. Para llevar el Roll-on. Ocupa muy poco, pero para casa prefiero la crema y echar una buena capa. 
  • La composición: 4. Ahora me vuelvo a fijar bastante en la composición,  porque con el embarazo no me puedo echar cualquier cosa. Es apto para toda la familia.


Puedes visitar la página de Facebook Mama Natura y sus productos InsectDHU para encontrar más información. 

¿Y a vosotros qué os ha parecido? Para este verano se ha convertido en un imprescindible de mi bolso. 

Joyas de leche materna

El otro día una amiga me pasaba el siguiente enlace, pensando que me haría gracia al conocer mi historia. Se trata de joyas hechas con leche materna.

En un principio me pareció una idea un tanto extravagante,  pero después de pensar más en la noticia pensé… ¿Y por qué no?  Al fin y al cabo es común que las madres quieran guardar recuerdos de momentos especiales en la vida de sus hijos. Y sin duda si ha sido posible,  la lactancia materna es uno de ellos.

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Algunos de los artículos que comercializa Mamma's Liquid Love (Mamma's Liquid Love)

Según el artículo la leche recibida se solidifica en resina y luego es convertida en colgantes y pulseras. Así puede conservarse para siempre sin que se estropee. Cada pieza es única porque la leche materna tiene un determinado color dependiendo de la madre y del momento.

En EEUU es bastante común este tipo de artesanía. En España he mirado por curiosidad y no he encontrado nada, aunque seguro que no tardará en ponerse de moda.

¿Qué os parece la idea? ¿Os gustaría tener un recuerdo así? 

Dieta libre de lácteos (APLV) II parte.

Continuo mi entrada anterior sobre Mi dieta libre de lácteos.

Cuando decidí hacer dieta estricta de productos con leche no imaginaba que podía ser tan complicado. No era consciente de todo lo que tendríamos que cambiar y adaptar en nuestro día a día. 

¿Cómo es posible que un tomate frito lleve leche?  ¿O un caldo de pescado?  Esos entre mil ejemplos más. No es suficiente con evitar la leche de vaca y sus derivados si no que también forma parte de muchos otros alimentos manufacturados. 

En el etiquetado además de comprobar que no incorpora “leche” en sus ingredientes también hay que evitar que contenga “Trazas de leche”  pues una pequeña partícula puede desencadenar una respuesta inmune,  al igual que hacen por ejemplo las vacunas. La intención de la dieta estricta es desensibilizar el sistema inmune para que “olvide” que tiene que “atacar” a la proteína de leche de vaca.

Las trazas de leche son pequeñas partículas lácteas que se cuelan en un producto que originariamente no lleva leche en su composición. Esto ocurre cuando las grandes fábricas con varias líneas de producto emplean la misma maquinaria para elaborar tanto los productos que llevan leche como los que no lo llevan.

La primera compra en el supermercado fue la más larga que había hecho nunca, para salir con el carro casi vacío.  Pero lo más difícil de identificar son los componentes que aparecen en esta lista:

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Al final aprendes a interpretar rápidamente el etiquetado, sospechar de casi todos los productos industriales y acudir a establecimientos ecológicos. Así te evitas que te vayas a encontrar todos esos aditivos y sabes lo que compras.

Desde el momento en que dejé de tomar leche los cólicos y los reflujos desaparecieron. Las deposiciones ya no fueron varias al día y no tenían moco.  A las pocas semanas los granitos de su cara ya ni existían. Estaba claro, no le habían hecho pruebas pero tenía claro que la leche le sentaba mal.

Con todas estas premisas e información a mano acudí a la pediatra  y le mandó realizar una analítica de sangre.  Había posibilidad de que saliera negativa, ya que pueden ser mediados o no mediados,  pero no me voy a meter más en la diferencias porque es un tema complicado.   El caso es que a Lucero le salieron aunque suaves,  positivas para alergia a algunas proteínas de la leche de vaca. De allí le mandaron al alergólogo y le hicieron unos pricks.

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pricks

En este caso salieron negativos.  Y la alergóloga nos pasó la lista que publiqué anteriormente y nos volverá a citar cuando cumpla el año. Hasta entonces seguimos con la dieta. Por mi parte por seguir dándole pecho y por parte de Lucero porque está con alimentación complementaria.

También tiene recetada leche hidrolizada, que está sometida a unos tratamientos para “romper” las proteínas que le provocan el problema.  La cubre al 100% la Seguridad Social y se la dan cuando no es posible alimentarle de mi leche.

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El objetivo de toda esta dieta es desensibilizar su sistema inmune y que en un futuro su cuerpo admita de nuevo leche. Me han dicho que entre un 70-80% se solucionan antes de los 3 años de edad. ¡Espero entrar en ese porcentaje!

Y aquí es bien cierto el refrán “No hay mal que por bien no venga.” Ahora toda la familia comemos sano y este verano voy a lucir y todo el bikini,  porque mi cuerpo ha agradecido este cambio de mentalidad.  Lucero en cambio por su parte pasó de percentil 3 a percentil 30 de peso.

Quizás encuentro más problema a la hora de comer fuera,  pero siempre digo que soy muy alérgica a la leche… que aunque es mentira, acabo antes que tener que  explicar que doy el pecho y de ahí mi hijo puede tener problemas y blablabla Siempre hay alternativas.

Y hasta aquí este episodio!  ¿Os apetece hacer dieta de leche?  😜

Seguimos por aquí.

Siempre me habían dicho que desde que te conviertes en madre el tiempo pasa todavía más deprisa. Al principio esta afirmación me pareció una exageración porque los días se me hacían eternos… pero ahora empiezo a mirar atrás con nostalgia!!

Y es que mi bebé está a punto de cumplir 9 meses!!  Y en todo este tiempo podría haber hablado de muchos temas diferentes,  como bronquitis eternas,  intolerancia a la proteína de leche de vaca, noches en vela, vuelta al trabajo, porteo, colecho,  BLW, dientes (y mordiscos) y un largo etcétera…

No he tenido tiempo para aburrirme. La maternidad es mucho más dura de lo que me imaginé durante todo mi embarazo, no hay libro que te prepare.

Ahora mi bebé ya no es tan indefenso y empieza a ser una minipersonita que cada día descubre y aprende algo nuevo. Me está enseñando a mirar el mundo desde otra perspectiva y disfrutar de los detalles del día a día.

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¿Y a vosotras? ¿Se os pasa el tiempo igual de rápido?

Mi parto (II parte)

Continuo la entrada que quedó pendiente de mi parto (I parte).

La comadrona que tenía asignada era un amor de mujer y en todo momento me hablaba muy dulcemente mientras me animaba y me decía que era una jabata.  Sin embargo al decirme que llevaba tantos centímetros dilatada temía que el anestesista estuviera perdido por alguna urgencia y que al final no me la pusieran. 

Mis temores se confirmaron… “El anestesista está en una urgencia, vendrá en cuanto le sea posible”. ¡¡En ese momento sólo quería llorar!! Pero a los 10 minutos se corrió la cortina de mi box y apareció una mujer que se identificó como la anestesista. La recuerdo guapísima y rodeada de un aura blanca,  supongo que por la emoción del momento.   “Me encanta la cara de felicidad con la que me recibís todas”.

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Me llevaron a otra sala, me sentaron y me pusieron en posición fetal mientras un celador se supone que me sujetaba para que no me fuera hacia adelante… Pero era un chiquitajo, ¡y para mi no estaba haciendo nada!  Me empieza a palpar y me dice que tengo una escoliosis muy pronunciada (ya lo sabía), pero gracias a que llevo tantos centímetros dilatada me puede pinchar más abajo donde no tengo tanta desviación. Cuando me dio un respiro la contracción, me quedé más quieta que nunca, sin mover un pelo y me la pusieron.

Esperaba que el alivio fuera inmediato y yo estaba en plan ¿¿Falta mucho??. Me llevaron al box de nuevo y mi gotero empezó a pitar,  era el catéter que estaba obstruido, lo arreglaron y al cabo de poco tiempo se me empezaron a dormir las piernas con un hormigueo, pero seguía teniendo movilidad. Las contracciones las seguía notando pero ya no eran apenas dolorosas. Desde ese momento mi nueva obsesión fue la bolsa de la anestesia. ¡Por favor no te acabes!

Eran las 13h. Me hacen otro tacto y… ¡¡¡Sorpresa!!! Dilatada completamente. Según me explicaron después el bebé tenía que bajar por el canal del parto cuatro pisos… ¡¡Mi pequeño ya estaba por el tercero!!  Nuestras caras ya eran de felicidad absoluta,  quedaba muy poco para conocerle y todo iba perfectamente.

A la hora me volvieron a palpar y había malas caras. Me dijo que empujara para probar con pujos y me tumbaron de lado.  Seguía en el mismo sitio y yo había dejado de sentir las contracciones. Entonces decidieron ponerme otro gotero con la famosa oxitocina.

Así continuamos las siguientes horas… cada vez me subían más la oxitocina mientras yo controlaba el gotero de la anestesia. Empujaba en el mismo sitio de los monitores, se le veía la pelambrera pero no acababa de bajar.  Papá Laurel y yo nos empezábamos a desesperar. ¿No se supone que la parte final era la más rápida? Sus pulsaciones eran controladas en todo momento y estaba bien, pero llevaba demasiado tiempo con la bolsa rota y en el canal del parto, así que a las 17:30h deciden llevarme a paritorio.

Mis contracciones en este punto ya eran dolorosas, aunque ni punto de comparación con las anteriores.  Empujaba con todas mis fuerzas y según el personal muy bien,  pero… ¡No bajaba!  Ya estaba desfallecida.

Me informaron de que me hacían un corte para poder maniobrar mejor. ¡Justo lo que no quería! Pero llegados a este punto cualquier cosa era buena para que saliera. Seguimos empujando con cada contracción pero nada…

De repente un hombre se pone a mi lado y me dice que empuje con todas mis fuerzas, que será el último pujo.  Y… ¡¡Se me sube encima de la tripa y me aprieta con mucha brusquedad!! Esa maniobra había leído que era muy peligrosa,  pero esta vez ni me avisaron.  Entre mi agotamiento,  mareo y la adrenalina del momento no acierto a decir que se fuera, me pilló desprevenida,  sólo sabía que eso no podía ser bueno.

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La maniobra de Kristeller o “presión en el fondo del útero”

Y… Mi milagrito nació en ese momento. 17:57 del 9 de Septiembre.  48,5cm y 3330kg.

Me lo pusieron encima y de repente empiezo a ver lucecitas mientras aviso que me mareo.  Lo siguiente que recuerdo es que se había triplicado el personal de la sala. No paraban de apretarme la tripa con fuerza, me dolía mucho y me ponían goteros nuevos.  Estaba perdiendo mucha sangre y no sabían de donde.

Al final descubren que no era por el útero,  si no por un desgarro interno de tercer grado. 

Desgarro vaginal de tercer grado: No sólo la piel del perineo está rasgada, sino también los músculos que cierran el ano se han visto afectados.

Me había quedado hecha un cromo. Mi bebé había decidido venir al mundo como superman,  con una mano por delante. Eso explica que se quedara atascado y mi desgarro (aunque yo culpo también de la maniobra esa).  No entiendo aún cómo no se dieron cuenta antes.

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Mi milagrito estaba con su padre.  Estaba tan absorto que hasta se había olvidado de mi y estaba haciendo el piel con piel con él. Pedí cogerlo pero me dijeron que no podían, que me tenían que coser y tenía que estar muy quieta. Me avisaron de que no me asustara, me iban a dejar genial pero les llevaría un tiempo. Ese tiempo fue una hora entera de reloj cosiendo. La hora más eterna de mi vida.  Además la anestesia ya se había acabado aunque aún seguía algo adormecida.

Después nos llevaron a la sala de recuperación, y pude tenerlo por fin conmigo. ¿La primera impresión?  Me sabe mal, pero estaba muy preocupada, parecía un boxeador,  tenía la nariz completamente torcida a un lado, una oreja doblada y los ojos hinchados.

Ahí intenté que mamara,  buscaba pero no aguantaba agarrado.  ¡Esa sería parte de mi lucha en los próximos días! 

Aunque el parto fue durillo,  el postparto lo fue todavía más.  En sus primeros 20 días de vida ha pasado por un resfriado, una otitis y sangre en las heces. Además de todo esto no quería comer,  el pecho ni mirarlo y los biberones le costaban… Por eso acabamos con un peso muy justo. Así que tengo tema de sobra para explicar más adelante.

Pero lo principal y más importante es que todo ha tenido una solución. Muchas gracias por haberme seguido hasta aquí. 😉

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