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Poco hablo por aquí de mi Lucero. Por la calle el comentario que más me gusta escuchar es “¡Qué niño más feliz!” (Siempre que no presencien una rabieta). No tiene vergüenza, es muy sociable y enseguida cae bien a los desconocidos con su desparpajo y sonrisa de niño travieso… No ha salido a mi en eso, pero estoy orgullosa de que sea así. 

Sin embargo, es un niño que absorbe toda nuestra energía. Lleva todos sus estados de ánimo al extremo y TODO lo cuestiona

Llevamos una vida muy marcada por las rutinas para evitar (al menos en intensidad) las temibles rabietas que parecen sacadas de una película de exorcismo… Sabemos que ayuda a nuestro hijo a estar más centrado y seguimos unos horarios muy marcados incluso en fin de semana. Tiene establecidos límites muy claros y siempre le explicamos todo con anterioridad.

Ahora con el mal tiempo, tiemblo porque siempre estamos buscando planes al aire libre. Mi hijo además es muy físico y necesita correr para liberar toda su energía! Pero cuidado con pasarse porque al no saber relajarse a veces está tan cansado que desencadena otra Apocalipsis! 

Y cada día sigo sintiéndome juzgada… Me hacen sentir mala madre, como si no supiera educar a mi hijo y seguramente nos esforzamos más de lo habitual. Llegas a dudar y replantearte muchas cosas. Sé que no hay que hacer caso, pero una también es persona y tiene sus días… Sobretodo si duermes mal.

Sin duda es todo un reto para la pareja. Pone la relación al límite. Por suerte mi marido también entendió que nuestro hijo es más intenso de lo normal, que no sólo es cuestión de disciplina. Intentamos pensar que las cualidades que ahora nos agotan, de adultos si se manejan bien serán muy provechosas para su vida.  

Y vosotr@s? Qué opináis del tema? Tenéis también un hijo intenso?